La asesina, crítica. Película de la semana

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La asesina
La coreografía pasiva
Por Erick Estrada
Cinegarage

En la eterna pelea entre fondo y forma La asesina se convierte en una película sigilosa y ahí su fondo y forma se encaran en una pelea pausada y sin sobresaltos para narrar una historia que en realidad está llena de abruptos y sobresaltos.

Si el cine de artes marciales debiera seguir una forma (porque hay, de hecho, varias formas para hacer cine de artes marciales), no sería la que aquí propone Hsiao-Hsien Hou en La asesina y eso, sigilosa como es la película, es tanto un enorme defecto como probablemente su mayor virtud.

Al narrar la historia de una mujer entrenada desde niña para matar y que tiene como misión eliminar a la cabeza de una corte en las fronteras de China (misión que la somete a un dilema casi amoroso: el hombre al que debe eliminar estuvo a punto de ser su prometido), esta película se decide por los planos largos, al borde de lo contemplativo y en los que dentro de su aparente inmovilidad surgen rayos de luz, insectos, vapores, cortinas, brillos y sombas que dotan de una acción minúscula a los encuadres en proceso de congelación de Hsiao-Hsien. Los capítulos avanzan y esa cámara a punto de la petrificación sigue transmitiendo esas acciones en segundo y tercer plano, muy en contraposición con la misión de nuestra asesina, que debiera saltar daga en mano a cumplir su misión sigilosa pero mortíferamente. Al inyectar la información de esa forma, al someternos en esos vapores y esas sombras, a long shots casi imperturbables, la película nos sumerge en el punto de vista de esa asesina, vigilante, lectora de los movimientos de la corte a la que debe eliminar, registrando quizá las consecuencias del desbalance al que está a punto de enfrentarlos y, sí, dudando entre cumplir su monjil misión (su “dueña”, maestra, asesora mística es eso, una ermitaña vengativa) o dejar vivo al hombre a riesgo de no sabemos qué.

En la eterna lucha entre forma y fondo La asesina se mueve de nuevo a un terreno inesperado para el cine de artes marciales. Sus peleas, sus acciones externas, estas estampas de paisajes tanto de naturaleza abierta como humanos, nos niegan la exploración de las peleas, nos ocultan las ejecuciones, para hundirnos de nuevo, suavemente, casi de manera placentera, en la casi contemplación, en las estampas de ritmo pausado a veces inexplicables, en su coreografía pasiva.

No habrá quien en este océano de forma que posee muy poco lenguaje cinematográfico real, encuentre significados y refuerce la idea de que en realidad leemos la mente de la asesina, que contempla a sus víctimas antes del ataque final o de la fuga, que estamos detrás de las cortinas con ella y que al negarnos la acción de su tarea también estamos con ella en la evasión mental a la que la obliga su dilema.

Sin embargo, el mismo sigilo de la película puede también negar esa lectura, dejando las rejas tan abiertas que en realidad cualquier interpretación cabe, cualquier lectura (máxima o mínima) ajusta, problema eterno entre una forma tan fijada a sí misma con un fondo que pedía a gritos un montaje menos contemplativo, acentos visuales que redondearan la información sorpresiva de esos encuadres congelados. El lenguaje de La asesina más que real en lo cinematográfico es un lenguaje cinematográfico fantasmal y ello se agradece. Por el otro lado, lo luminosamente fantasmal del desarrollo de Hsiao-Hsien también deja sabor de poco brío, de un impacto lúcido pero también lucidor y sí, en este bellísimo engaño universal que es la película, placenteramente intrascendente.

La asesina
(Nie yin niang, Taiwán-China-Hong Kong- Francia, 2015)
Dirige: Hsiao-hsien Hou
Actúan: Qi Shu, Chen Chang, Satoshi Tsumabuki, Nikki Hsin-Ying Hsieh
Guión: Cheng Ah, T’ien-wen Chu, Hsiao-hsien Hou, Hai-Meng Hsieh, Xing Pei
Fotografía: Ping Bin Lee
Duración: 105 min.

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