Vamos a jugar al infierno, crítica. Película de la semana

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Vamos a jugar al infierno
Los dioses del cine
Por Erick Estrada
Cinegarage

Asalvajado y violento. Así es el discurso de Shion Sono en Vamos a jugar al infierno. Si la imagen tiene malas palabras todas y cada una de ellas, asalvajadas y violentas, están en los encuadres de este festival gore que desentraña el proceso creativo del cine y lo pone, descuartizado, con cortes finos de carnicero preciso, en la mesa, donde todos pueden verlo. Asalvajado y violento es este rojo poema al cine, dentro, fuera, alrededor y a través de la pantalla.

El rojo nos lleva de la mano desde la primera secuencia en la que una niña 6 años patina en un suelo ensangrentado para encontrar en su cocina al único sobreviviente de la lluvia de violencia que su propia madre ha desencadenado. Ahí, el amor paternal y el pedófilo se dan la mano y anuncian con la estufa salpicada de rojo intenso, que los amores que veremos en la historia son esos que dan origen a los dioses: los del incesto, los prohibidos, los de besos de vidrio roto.

Sono, con la vitalidad de un niño de 14 años pero con la experiencia de una filmografía intensa y extensa hace también que el tiempo en su narración se nulifique a sí mismo: los flash backs se suceden sin el menor aviso y las historias paralelas son una tormenta de cortes que dejan claro que lo importante vendrá al final, que una película no se filma en orden cronológico. Esa es la razón por la que pasado, presente y futuro terminen trenzándose en Vamos a jugar al infierno. Estamos en espera del montaje final en donde las referencias a Cinema Paradiso (Italia-Francia, 1988), las del cine de artes marciales (Bruce Lee reencarna con la vitalidad de un niño de 14 años pero con la experiencia de un dragón de puños de acero), las del cine de mafias, quedarán unidas en lo que se deja ver ya como la fracturación de la realidad cinematográfica revuelta con la realidad de un mundo que exige ser registrado en película. En pocas palabras, el cine dentro del cine.

Vamos a jugar al infierno nos susurra que deberíamos “hacer una buena película, aunque sólo sea una” para después hacer de sí misma una metáfora ultra barroca de lo que es hacer una película. Las realidades se interfieren igual que los tiempos. Los tiroteos de los niños de 14 años se convierten en realidad mafiosa, son ficción para alguien y realidad para los otros mientras que a nosotros se nos entrega como ficción en nuestra propia realidad. La maroma está hecha y la declaratoria es sencilla y poco rebatible: el cine es la vida porque nuestra vida ha quedado en el cine. “Todo es un montaje” dicen los sanguinarios Yakuza de Sono cuando planean el golpe maestro contra la banda enemiga que será, a su vez, la escena culminante de una película inexistente para ellos pero que es parte de nuestro mundo como espectadores.

Jugada maestra.

Living in Oblivion (EUA, 1995) fue una ofrenda monumental al cine independiente antes de que en ella misma se declarara su muerte para convertirse después en una marca de los estudios para vender películas de bajo presupuesto. Sus sudores, sus pasiones y sus oscuridades están en Vamos a jugar al infierno.

Bienvenido Welcome (México, 1995) fue a su vez un altar al rudo juego del rodaje y la muestra de que si hay un espejo que pueda atravesarse -como lo hizo Alicia- para contar la misma historia varias veces sin repetirse, ese es el cine. Sus giros de tuerca, rudos y sin consideraciones, están en Vamos a jugar al infierno.

La película de Sono es también, una canción enamorada al cine y a sus realidades, a sus alcances y a sus dolores, envuelto todo en una espiral de sangre y huesos porque son la sangre y los huesos del cine, de su mecánica y de la entrega a él, una ofrenda a los dioses que nacieron con los incestos y los besos de vidrio con que abrió todo. Y es, a manera de remate final, un cuetionamiento sobre las nuevas maneras de filmar, una despedida -cálida y tierna en medio de una calle sobre la que llovizna- del celuloide, de su materia, de su físico. Todo mundo se muda al digital, y correr con la amada en los brazos en una noche como con la que conlcuye Vamos a jugar al infierno, será cada vez más el acto de un loco. Aquí el loco es también un iluminado que monta su película con cortes precisos dignos de la mejor katana, Shion Sono.

Vamos a jugar al infierno
(Jigoku de naze wa riu, Japón, 2013)
Dirige: Shion Sono
Actúan: Jun Kinimura, Fumi Nikaidô, Hiroki Hasegawa, Gen Hoshino
Guión: Shion Sono
Fotografía: Hideo Yamamoto
Duración: 129 min

Comments (4)

  1. No sé nada, del este autor, ni conozco está pelicula, pero vivo en Saltillo y tras haber leido la ¨Crítica¨ y los comentarios de este post, sé que tengo cita indiscutible este viernes en el festival para verla. Gracias chicos.

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  2. esta buena si o no?… para que tanto brinco estando el suelo tan parejo, no le busques chichis a las viboras erick, concretiza y se mas eficaz en tus analisis, es un verdadero laberinto de “melcocha” toda la palabreria que escribes para algo que al final del dia es pura y llana apreciacion, subjetivo, en fin me gusta tu trabajo, pero podrias ahorrar un buen de tiempo sintetizando.

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