Loving
La lucha por ser
Por Erick Estrada
Cinegarage
Probablemente la mayor cualidad de Loving (pésimamente rebautizada en México como “El matrimonio Loving”) sea la decisión de no darnos detalles sobre la forma en que Mildred y Richard, los protagonistas de la historia (en más de un sentido) se conocieron.
Ambos son la mitad de una pareja interracial en tiempos en los que eso significaba más que ser señalado como desgraciadamente ocurre hoy mismo: se trataba de un delito en forma. Ambos son, por el otro lado, un matrimonio que busca estar unido porque existe entre ellos lo que muchos llaman amor: la necesidad de estar con el otro por múltiples y muy variadas razones.
Y sí, la historia que describe el siempre gratamente desconcertante Jeff Nichols, es la de este matrimonio que impulsado primero por las demandas sociales de su tiempo (el estrecho entre la primera y la segunda mitad del siglo XX) y después por necesidad propia, entabla una lucha contra el segregacionismo.
Perseguidos, señalados, criminalizados, los Loving (¿un nombre menos, digamos, condescendiente?) se convirtieron en migrantes dentro de su propio país y fueron despojados (de manera práctica) de sus tierras y de sus posesiones. En pocas palabras, y aquí es donde los subtextos de Nichols comienzan a sacar la cabeza (aunque nunca de manera barata, es importante señalarlo), los Loving pelean por su futuro inmediato y por el de sus hijos.
Richard es albañil, un redneck apenas educado que solamente quiere construir una casa en la que Mildred, más despierta e inquieta que él (en tono ascendente, lo que explica la nominación al Oscar de Ruth Negga), pueda criar a sus hijos y tenga espacio, real y metafórico, para todos. En esa migración forzada (como son las migraciones el 90% de las veces) Richard se ve obligado a construir solamente casas ajenas y Mildred a sentirse encerrada en una que tampoco es suya (símbolo vivo de la situación de los afroamericamos en esos años). En la lucha por descriminalizar esta unión la película prefiere siempre las aguas calmas pero tensas de un río caudaloso; el ejemplo de ello es la secuencia del nacimiento del primer hijo de los Loving que, puesto como está, acomodado como una secuencia de fuga de la prisión, siendo una decisión en contra de la sentencia que les prohíbe vivir donde quieren vivir, ese nacimiento se convierte en una silenciosa acción de resistencia, cobijada con las luchas por los derechos civiles en las calles de Estados Unidos.
Y así, paso a paso, capítulo a capítulo, Nichols decide narrar un terremoto en las calles con las reflexiones casi pasivas pero no por ello menos poderosas de un matrimonio casi callado, casi mudo, pero vigilante y en muchos aspectos (ninguno el racial, la película quiere más) de vanguardia. Richard calla y trabaja, rumiando su impotencia mientras Mildred, observadora, decide salir a la tormenta aprovechando el momento pero con la única necesidad (o deseo) de volver al lugar donde nació y creció. La forma de Loving, sin embargo, sigue siendo pacífica, casi contemplativa (como Richard), muy discreta, buscando meternos en las paredes que aún no construye Richard para su familia, llevándonos a los sótanos donde se alojan las calderas, presumiendo por un lado una paciencia equivalente a la que tuvo que practicar este matrimonio y por el otro, a nivel técnico, una recreación de época que si bien se deja ver fiel y detallada, sirve solamente para marcar y demarcar la época en que ocurrió esta historia que por el otro lado sigue teniendo temas pendientes y se antoja oportuna y hasta necesaria en los tiempos que se viven ahora, 50 años después. ¿Poco ha cambiado?
Es decir, conforme el río de Loving avanza y conforme Nichols nos demuestra desde interiores el tamaño y la profundidad de la lucha casi contemplativa del matrimonio, el tema se extiende para hablar, casi secretamente, de actos de resistencia amorosos en tiempos peculiarmente crueles, matrimonio o no, del mismo sexo o no, interraciales o no, internacionales o no.
Loving, en su secreta demanda (de ahí que como todas las películas de Nichols ésta también sea desconcertante) deja la reflexión entre varios universos, el del derecho de los Loving a vivir en sus terrenos y a construir su propia casa, en el derecho a ser vistos como una pareja amorosa (su apellido los “condena”) independientemente del color de su piel (que es además como nos lo presenta la película), en el derecho a una defensa más honesta sean pobres o no (esos abogados de Nichols, tan buitres y tan falsamente angelicales), en el derecho a moverse -como han querido siempre- sobre un río tranquilo de eventos lejanos.
Loving es, en forma y fondo, un callado grito por el simple derecho a ser. Eso, en estos días, en los próximos años, es y será una demanda que aunque callada estará presente a todo volumen.
El matrimonio Loving
(Loving, Reino Unido-EUA, 2016)
Dirige: Jeff Nichols
Actúan: Ruth Negga, Michael Shannon, Joel Edgerton, Marton Csokas
Guión: Jeff Nichols
Fotografía: Adam Stone
Duración: 123 min.


