Eres mi pasión, crítica

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Eres mi pasión

Debajo del fútbol
Por Erick Estrada

Cinegarage

¿Podemos ver Eres mi pasión como una película de adicciones? Porque debajo de la historia de un hombre que prácticamente pone en riesgo la estabilidad de su familia debido a su afición desmedida por el fútbol está también la del hijo único que no suelta el teléfono móvil y la de la madre de familia que trabaja incluso los domingos. En este caso el fútbol servirá como pretexto para llevarnos a las entretelas de estos personajes y ese pretexto, aclaremos, ayuda más de lo que parece pues le permite a sus guionistas manejar todo en un tono de comedia -a veces disparatada, a veces hasta clara- en lugar de meternos a un drama de oscuridades abismales en caso de que el padre de familia fuese adicto, por ejemplo, a las drogas legales. Esto, en pocas palabras, no es Réquiem por un sueño (EUA, 2000).

Echemos un poco marcha atrás: el pretexto también le estorba un poco. Encima de todo, vistiéndola casi siempre de más, la película de Anwar Safa peca de obvia en sus envoltura futbolera. Tanto, que incluso quien no se encuentre inmerso en la jerga y en los modos de la afición a este deporte sentirá que se le está explicando de más y que como espectador se le está ejercitando de menos. Ahí están los chistes repetidos de manera insistente y que se resumen en el “verbo” “cruzazulear”. Ahí está la voz de cronista deportivo que atosiga en su mundo interior a este obseso del balompié y que resulta tan inútil que cuando desaparece temporalmente nadie la echa en falta y cuando lo hace definitivamente y sin justificación…, tampoco nadie la echa en falta (oportunidad desperdiciada de mostrar al personaje despedirse de “la voz en la cabeza” al combatir su adicción). Ahí están también los mini proyectiles a otros deportes (“Tenemos que jugar basket para que no recaigas”) y varias herramientas más que terminan por pesar antes que aportar.

Y sin embargo, la película camina en su humor justo (aunque carente de precisión por la obviedad futbolera), con actuaciones que nos salvan del guión tambaleante. A pesar de sus dubitativos disparos, Eres mi pasión es una película que reivindica a sus personajes pero lo hace más por el trabajo de actrices y actores (muy simpáticos Mariana Treviño y Mauricio Isaac) que por un guión que de haberse trabajado un poco más, obviado un poco menos, habría dejado respirar los temas del subtexto y en consecuencia habría construido todavía mejores personajes.

Ahí está todo. Las adicciones se hablan y se discuten, la necesidad de sus personajes de rescatar su tiempo presente para reconciliarse entre ellos y con ellos se deja ver; ahí está sobre todo la defensa del derecho a la catarsis que hoy tanto se nos niega (gran pequeño monólogo del adicto explicando el amor por su droga: el fútbol). Pero no es suficiente. La película no escarba más y se muestra temerosa para volver tan pronto como puede a su cascarón futbolero, uno que en los últimos minutos resulta casi innecesario, pero comprensible si lo medimos desde la taquilla.

Eres mi pasión adquiere cualidades circunstanciales que la vuelven algo más que aceptable. No es una comedia romántica bobalicona, no es la película de la estrella de televisión actuando como estrella de televisión y no es una comedia de ficheras sin ficheras. Sin embargo, ello no la exime del todo. Tampoco es una historia original y su guión es una adaptación (¿recuerdan Una mujer sin filtro?) que desafortunadamente poco sumará al pensamiento del cine mexicano contemporáneo precisamente por ser algo más cercano a una franquicia: no se nota la reflexión alrededor del fútbol y/o su presencia en el cine mexicano que si bien no es profunda y quizá tampoco significativa (hay deportes millones de veces más atractivos y cinematográficos), sí tendría que pesar a la hora de sumar una película más a la lista.

Eliminemos los nefastos aportes de películas menores que desde la década de los cincuenta desembocan  en El chanfle (México, 1979) de Enrique Segoviano y El chanfle segundo (1982) de Roberto Gómez Bolaños. Centrémonos en Los hijos de don Venancio (México, 1944) de Joaquín Pardavé y su discurso a favor de la aceptación de los migrantes españoles en México; recordemos Las chivas rayadas (México 1964) de Manuel Muñoz y Alberto Mariscal, y Fútbol México 70 (México, 1970) de Alberto Isaac y su justa y nada exagerada carta de amor al deporte. Están Chido Guan: el tacos de oro (México, 1986) de Alfonso Arau, también imprecisa pero con alma propia; y Atlético San Pancho (México 2001) que sirve para llegar a Rudo y Cursi (México 2008) de Carlos Cuarón que, voluntariamente o no, tiene vínculos más claros e importantes con el subtexto familiar de Los hijos de don Venancio y en consecuencia entrega ideas más robustas sin tener que renunciar a la comedia.

Desafortunadamente en Eres mi pasión, en su adaptación, tampoco se nota el cuchillo largo, filoso, sigiloso y tácito del genial documental Mitote (México, 2012) de Eugenio Polgovsky o incluso el jugueteo irreverente (como también lo es Mitote) de Ilusión nacional (México 2014) de Olallo Rubio, otro documental que usa al fútbol como pretexto para hablar de algo más.

Safa entrega aquí algo de su sello. Es él quien a veces dialoga con personajes y público, pero falta. Falta que tras ejercitar ritmo y ojo con películas franquicia, en México se dé el paso y se escriban propuestas reales y sobre todo, originales. Falta que la adaptación sea un medio escalón para que guionistas y cuerpos creativos rescaten ideas que ya circulan en las calles y que a veces es difícil encontrar en propuestas de cine decente y popular como Eres mi pasión, cuya cuna está a miles de kilómetros de distancia.

CONOCE MÁS. Esta es la crítica de Erick Estrada a Una mujer sin filtro.

Eres mi pasión
(México, 2018)
Dirige: Anwar Safa
Actúan: Mariana Treviño, Mauricio Isaac, Silverio Palacios, Johanna Murillo
Guión: Javier Peñalosa
Fotografía: Guillermo Granillo
Duración: 100 min.

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