La danza de la realidad, crítica

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La danza de la realidad
Estruendosamente escurridiza
Por Erick Estrada
Cinegarage

Es difícil hablar de una película de Jodorowsky pues en sentido estricto lo que hace no es en realidad cine, sino experimentos emocionales y psicológicos que involucran teatro, performance, drama y espiritismo. La danza de la realidad cumple con ello al describir desde un muy personal punto de vista la vida infantil del propio Alejandro, sus memorias, los desencuentros con la rigidez de su padre y los momentos cálidos, muy cargados hacia lo edípico, vividos ante su madre (retratada aquí, para subrayar esa calidez, como una robusta mujer rusa que canta en lugar de hablar), los “ilustradores” viajes de su padre y el crecimiento que a él le representó tanto lo crudo como lo luminoso de su vida en Chile.

Aquellos que tengan en su memoria cinematográfica a Santa sangre (México-Italia, 1989) sepan desde ahora que ni lo urbanamente místico ni lo denso de la narración están presentes aquí. Los que sean más devotos de La Montaña sagrada (México-EUA, 1973) deberán atarse a esas memorias pues, desgraciadamente, la actitud desfachatada, la burla a un sistema obsoleto, el uso de la comedia impactante como arma de denuncia social y cultural, no se encuentran por ningún lado en La danza de la realidad. Los que prefieren al El topo (México, 1970) encontrarán varias imágenes conocidas, un viaje familiar muy parecido (si no es que trágicamemente, de la mejor manera, invertido), y varios encuadres realmente deslumbrantes como en aquél extraño western.

Las películas de Jodorowsky cuentan, eso sí, con planos y encuadres muy bien armados, a veces clavados en la simetría, otras aduladores de los colores y de los constrates, mucho sentimiento feliniano y estupendo sentido estético. Eso nunca lo vamos a negar. La danza de la realidad navega esos mismos mares y, creo, es su única virtud.

Detrás de ello la película se enreda en virtuosismos narrativos que se acercan más al viaje astral que a la sanación de dolores (creo que es una película en la que Jodorowsky expía muchas de las heridas de su niñez), rebusca demasiado en sus metáforas (la madre cantante, el niño “mascota” de la estación de bomberos) y obliga a entrar (en una narración de más de dos horas) a un circo monumental de sin sentidos que, claro, lo son para nosotros, pero no para su creador, un Alejandro Jodorowsky que nunca ha hecho cine para los demás sino para él mismo.

Sumando esos aspectos la película es una gigantesca lápida de sobreactuaciones y momentos que van del absurdo jodorowskiano al humor involuntario, de personajes desprovistos de matices a evocaciones falsamente iluminadas, estruendosamente escurridizas.

Eso sí, si alguno de los que leen entiende y sigue los preceptos de la psicomagia y la filosofía de Jodorowsky encontrarán una serie ilimitada de claves, pistas, guiños y consejos que en las dos horas que muchos padecemos, fabricarán una experiencia digna justo de eso, del mundo de Alejandro Jodorowsky.

La danza de la realidad
(Chile, 2013)
Dirige: Alejandro Jodorowsky
Actúan: Brontis Jodorowsky, Pamela Flores, Jeremías Herskovits, Adán Jodorowsky
Guión: Alejandro jodorowsky
Fotografía: Jean-Marie Dreujou
Duración: 130 min.

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