Asfixia, crítica de Erick Estrada. Película de la semana.

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Asfixia
Entre el respiro y la hipocondria
Por Erick Estrada
Cinegarage

Una puerta se abre y de ella, de la prisión, sale Alma, un punto blanco en medio del caos de una ciudad que se derrumba entre sus propios cimientos y un móvil de luz en medio del caos al que ella misma se introduce. Desde ese momento y con un ritmo calmo, nunca pasivo pero sin ningún tipo de apuros, comenzaremos a ver las cosas como ella.

Kenya Márquez ha cambiado el tono y el timbre de su anterior narración (la comedia negra Fecha de caducidad) para introducirnos a un diálogo de aires encerrados entre dos personajes que se hallan completamente fuera de lugar. Es en ese nuevo tono y en ese nuevo timbre que Márquez logra meternos en los ojos de Alma y enseñarnos lo post apocalíptico y casi atemporal (espeluznantemente atemporal) de una Ciudad de México que recibe a una exconvicta.

Sí, sabremos por qué Alma estuvo en la cárcel. Veremos las consecuencias de haber pisado la prisión en una sociedad tan hipócrita como la mexicana: a Alma se le niega la posibilidad de un nuevo trabajo, se le señala, se le estigmatiza. También conoceremos la búsqueda que realiza -la de su antigua pareja- para entonces reencontrarse con su hija. Y ahí tendremos por supuesto material suficiente para sujetarnos a una historia humana y universal (sin estridencias ni rechinidos) en la que mucho del ser y sentir del mexicano urbano se plasma con tino.

De la misma forma todo está enmarcado en una fotografía lúcida, no sólo por acompañar la evolución de Alma de pequeño punto de luz a una especie de faro en la ciudad que amenaza con comérsela, sino porque la une con el otro personaje de forma interesante y efectiva. Alma conoce a Clemente, un hipocondriaco que suma la superstición a su propia decadencia (entre tanta enfermedad imaginaria algo lo está matando de verdad) y que en consecuencia ve a Alma como una aparición celestial que probablemente no viene a salvarlo, sino solamente a acompañarlo en su camino a la muerte. En consecuencia la luz, las luces, las sombras, son azules, reconfortantes, igualmente celestiales, pero también probablemente gélidas como las de la morgue.

Sin embargo, el verdadero interés de Asfixia está un poco más abajo, en la evolución de Clemente y de Alma (especialmente de esta última) de personajes encerrados que amplían sus espacios, internos y externos.

Centrados en Alma (Clemente se nos pierde un poco en su propio abandono), es ella la que buscando el respiro que el hipocondriaco se niega temiendo morir de apnea del sueño (su asfixia personal), sale del espacio reducido de la prisión para sustituirlo por un minúsculo cuartucho de azotea. Ahí el aire es insuficiente y en la búsqueda de su hija, Alma sigue ampliando sus espacios, primero a través de Clemente (la casa enferma del que cree que está enfermo) y después al deshacerse de Conchita su mejor amiga (estupenda Mónica del Carmen), que cuenta con una interesantísima historia que balancea la propuesta de Asfixia contraponiendo a una mujer que busca abrir sus espacios con la historia de otra que parece cerrárselos a ella misma y a propósito en busca de algo que ni siquiera ella puede definir.

Asfixia desarrolla entonces el símbolo de una mujer en busca de muchas cosas. Primero, de su propia dignidad, de convertirse en un punto de luz para dejar de ser un punto sin color (y en ello está también la idea del estigma de haber pasado tiempo en la cárcel). También está la búsqueda de su hija para quien efectivamente se ha convertido en un poste de luz y quien parece será finalmente quien la ayude a encontrar el espacio que tanto necesita.

El encuadre final de la película es entonces la marca que nos dice si Alma logró su cometido y que también describe la dureza de la búsqueda: de asfixia muere quien no tiene aire y en ese encuadre hay un mar de aire al que Alma mira, pero también un universo sin él debajo de ella.

CONOCE MÁS. Esta es la crítica de Erick Estrada a El ombligo de Guie’dani, dirigida por Xavi Sala.

Asfixia
(México, 2019)
Dirige: Kenya Márquez
Actúan: Johana Fragoso Blendi, Enrique Arreola, Mónica del Carmen, Mauricio Isaac
Guión: Kenya Márquez, Alfonso Suárez
Fotografía: Javier Morón
Duración: 88 minutos

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