crítica

Vigilancia extrema

Erick Estrada.

Vigilancia extrema
(Surveillance, EUA-Alemania, 2008)
Dirige: Jennifer Lynch
Actúan: Julia Ormond, Bill Pullman, Pell James, Ryan Sympkins
Guión: Jennifer Lynch, Kent Harper
Fotografía: Peter Wunstorf
Duración: 97 min.

El inicio se construye a partir de un discurso roto. Cuadros en negro se intercalan con negras imágenes, violencia de la que no sabemos el origen y, así como está armada Vigilancia extrema, nunca lo sabremos.
¿O sí?
Jennifer Lynch, que en el apellido lleva la penitencia, no se intimida y arma en 97 minutos con un comienzo así, fracturado y desmembrado, una fábula que según ella misma era sobre brujas y que así, de bote pronto, puedo decir que se transformó en una de vampiros. No, tampoco es tan sencillo, aquí nadie tiene colmillos, nadie vuela ni se quema por el sol. Aquí lo que uno quiere es el sustituto de la sangre roja que, a pesar de todo, fluye con regocijo (que no con alegría) a lo largo de toda a historia, empezando, ya lo vimos, con el primer encuadre.

Lynch eres y en Lynch te convertirás
La propuesta formal de Vigilancia extrema es tan cercana a la del padre de Jennifer, David Lynch, que durante las primeras secuencias de la cinta (ese plano general del cuartel de policía con la ventana tapiada –sutil y magistral resumen de toda la película- la habitación y su papel tapiz con patos que vuelan y ciervos que se alimentan, los cuernos de venado sobre la puerta de la oficina policial, el desparpajo de los oficiales) recuerda poderosamente no al propio David Lynch, sino a la gente que ha padecido sus películas y que jura que nunca volverá a ver una.
El olor que se nos impregna entonces, los sonidos que acompañan a las imágenes, la música (obra de Todd Bryanton) que regurgita memorias de Terciopelo azul (Blue Velvet, EUA, 1986) y Por el lado oscuro del camino (Lost Highway, Francia-EUA, 1997) con el mismo Bill Pullman al volante, de Twin Peaks, la peli (Francia-EUA, 1992) y la serie de tele, son los de un universo en el que el engranaje no camina bien, en el que los dientes de la maquinaria no embonan, en el que el circular de los individuos provoca colisiones a cada instante: el universo David Lynch.
Desde ese punto de vista, Jennifer no puede negar que ha trabajado con su padre desde los 19 años y que ha heredado mucho más que su cosmovisión (esa del engranaje disfuncional). Igual que los niños, habla con el acento de su padre, gesticula de la misma manera, mueve los ojos igual... y arma sus secuencias y dibuja sus encuadres, hace que sus actores se muevan, que hagan sus inflexiones y siembren dudas con las mismas formas.
Incluso, en un momento de desplante poético cinematográfico, recuerda y hasta homenajea a Salvaje de corazón (Wild At Heart, EUA, 1990) en su secuencia de anochecer con sangre en el pavimento y Chris Isaac entonando la no menos retorcida “Wicked Games”; sólo que rebelándose, inyectando su propio espíritu y girando la tuerca hasta casi reventarla (si fuéramos exigentes y vomitáramos mala leche diríamos que con ese giro anuncia el espeluznante final) cambia a Isaac por los hiper conflictivos Violent Femmes que no menos retorcidamente gritan a todo pulmón su clásico “Add It Up”.


Day after day
I will work, and I will play
But the day, after today
I will stop, and I will start

“Add It Up”. Violent Femmes
Jennifer Lynch no niega sus raíces, pero como todo autor de respeto, como todo ser con huevos, sabe que necesita arrancarse esas raíces, quedarse con lo que necesita y dar un paso extra, con sus propios pies y en su propia dirección. Vigilancia extrema es, con todo el tiempo que le tomó desarrollarla (casi 15 años), con el reconocimiento a la escuela paterna, una declaración de principios, una marca que nos dice hacia dónde se va a mover en caso de seguir filmando.
Esa declaración de principios llega poco a poco, paso a paso, hueso roto a hueso roto, justo a partir de su referencia a Salvaje de corazón. Desde ese momento (probablemente el último tercio de su violentísima fábula) el estilo se distorsiona, el discurso se deforma, las actuaciones viran y el guión latiguea hacia una película distinta, quizá menos personal, pero que aceptando la mala maquinaria en la que el mundo está montado y los extraños personajes que la aceitan, es menos Lynch en la forma, más espectacular en lo gráfico y metafórica en un sentido diferente. Es el momento de alquimia en el que aunque su relato esté inspirado en las brujas y bañado en estilo Lynch (con toda la intención, por cierto), explota en un duelo de personajes metafóricamente vampíricos, que unen en un crucero a las road movies más violentas (pensé inmediatamente en Asesinos por naturaleza de Oliver Stone y por supuesto en todas las películas de las que se alimentó), a los asesinos seriales más bizarros (la secuencia de los policías disparando a latas en el campo es un buen anticipo de esto), a las cintas de horror menos fantasmales (La masacre de Texas es otro referente) y a la desesperanza que navega en los mares de Charles Bukowski, del recién fallecido J.G. Ballard y de Joseph Conrad. Todo lo peor (y natural) del espíritu gringo (material y espiritual) en una cápsula, en una fábula en la que a pesar de no ver nunca la noche no podemos evitar sentirnos oprimidos por su peso.

Just one fuck
Al final, todo se resume en lo que Jennifer Lynch cree es el origen del mal en el ser humano, en los seres humanos que ve todo el tiempo. Nadie es bueno, todos tenemos una dosis de oscuridad irrenunciable, inherente a nuestro ser, y que se manifiesta de las maneras más inocentes. Nadie es malo pues nadie ha escogido ser malo.
Así somos y así nos retrata Lynch. Queriendo amar al amante de la madre (chequen la rola de los Femmes) pero odiándolo irremediablemente. No es falta de amor. ¿El amor existe? Lynch parece decir que no, y su película es una estupenda muestra de ello. Por lo menos el amor como se nos ha contado que es.

Comentarios

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#1. riddler

21/05/2009 21:54

¿Por qué no tienen videocrítica de WATCHMEN?

#2. ricardo

15/05/2009 18:56

Me encanto la pelicula la hija no niega la cruz de su parroquia muy bien realizada bill pullman muy creible en su papel violento dejando los papeles de ñoño atras y una julia ormand con una sensualidad violenta. muy buena la musica excelente

#3. Apizá

24/04/2009 20:54

Los Violent Femmes son sin duda uno de los grupos menos apreciados de los ochenta. Llegará el día en que, como a los Pixies, se les reconozca su justo valor. Vaya, la música "alternativa" posterior mucho le debe a su influencia.

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