Godzilla 2: el rey de los monstruos, crítica.

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Godzilla 2: el rey de los monstruos
La leyenda perdida de los Titanes
Por Erick Estrada
Cinegarage

Mucho se ha hablado de la posibilidad de traer de regreso antiguas mitologías a los tiempos que corren y muchas veces se ha errado en el intento. La falla más grande ha sido la de Marvel que como estudio cinematográfico abarató tanto la apuesta que hizo irrelevante el papel del héroe por excelencia. Desafortunadamente Godzilla: rey de los monstruos no se libra del todo de ese error.

En su primera parte dibujando apenas a un monstruo que más que amenazante era en realidad un justiciero del ecosistema, Godzilla (EUA-Japón, 2014) mantenía a la figura humana muy reducida para acentuar el verdadero papel de nuestra civilización: algo en realidad insignificante, pasajero pero virulento. Desde ahí no era difícil lanzar una línea de conexión a esta secuela pues muy al principio de esta película se elige el nombre de Titanes para llamar a los kaijus como Godzilla (o si quieren “habitantes primigenios” como en su momento los llamó H. P. Lovecraft) que poco a poco despiertan de un extenso letargo en todos los puntos del planeta.

Los Titanes. Seres divinos que para los griegos habitaron el planeta antes que los dioses y que estaban estrechamente vinculados con los elementos. Pero no, El rey de los monstruos busca ahora sí otros ojos y desecha todo lo misterioso y especulativo que aquella primera gran parte a cargo de Gareth Edwards nos regaló y que, hasta donde se recuerda, fue muy mal comprendida por el público más hambriento de acción falsa. Son los tiempos que corren.

En algo ayuda el guiño a la ambición empresarial sobre estos seres antes ocultos que se asoma en el planteamiento de la película, o ese (voluntario o no) parecido con el primer gran contacto extraterrestre de Encuentros cercanos del tercer tipo (EUA, 1977) que tiene el primer gran acercamiento con un kaiju en esta película dirigida por el desprolijo Michael Dougherty. Algo aporta igualmente que el kaiju que despierta en una misteriosa isla mexicana -la Isla de Mara- lo haga rodeado de magma quetzalcoatlesca.

Pero apenas los Titanes asoman la cabeza, apenas se sabe lo que buscan o podrían buscar, apenas se establecen los rings para probables encuentros (violentos) entre ellos, la película se transforma en una tómbola de la que salen ideas sin conexión para llevarnos de una lucha monstruosa a la otra.

La cortina se rasga muy pronto, la idea se desinfla apenas se verbaliza y los monstruos pierden misterio para ser explicados una y otra vez por los personajes humanos que al mismo tiempo y aunque vulnerables (lo cual se agradece) no están ya empequeñecidos ni en lo visual ni dentro de la historia (“¡esta vez pelearemos con Godzilla!” se grita en algún momento). Al perder todo subtexto, al entregar todo con una facilidad espeluznante desperdiciando con ello a un reparto para alucinar, y con un lenguaje visual plano a veces y estridente otras, la película nos obliga a centrarnos emocional y visualmente en los ya vaticinados choques entre kaijus.

¿Ello la acerca más a la enorme saga de los estudios Toho? Algo, pero de forma bastante manoseada y presurosa. En donde sí se parece es justo en el choque de sus gigantes que, hay que decirlo, siendo el último recurso de la película para sobrevivir ante nuestra mirada, sí son -en verdad- irracionalmente atractivos, emocionantes, una golosina en toda forma: excesiva en el contexto pero satisfactoria en la intimidad de una historia que se ha reducido a un mínimo de sinsentidos y sorpresas de segunda categoría.

Bien diseñadas, muy bien sonorizadas, acompañadas de otros valores de producción obvios para su función pero a veces descuidados en producciones semejantes (muy buena animación, buena cámara y la estupenda música de Bear McGreary que a veces va a lo maléfico/trágico/épico y otras hasta quiere parecerse a la “Sinfonía de los Planetas” de Gustav Holst), esas peleas son el único premio que recibiremos después de que esta película se desvincula del fondo de la de Gareth Edwards.

Una lástima porque esa ambición empresarial que aprieta sus garras en los titanes (a estas alturas ya se escribe con minúsculas) se deja ver también en el actuar de los estudios que pudieron regalar estupendas secuencias de lucha monstruosa como éstas con un fondo más rico, más vivo, menos lánguido. Se perdió la oportunidad de generar una nueva leyenda con unos nuevos titanes.

CONOCE MÁS. Esta es la crítica de Erick Estrada a Godzilla, dirigida por Gareth Edwards.

Godzilla 2: el rey de los monstruos
(Godzilla: King of Monsters, EUA, 2019)
Dirige: Michael Dougherty
Actúan: Millie Bobby Brown, Bradley Whitford, Vera Farmiga, Sally Hawkins
Guión: Max Borenstein, Michael Dougherty, Zach Shields
Fotografía: Lawrence Sher
Duración: 132 minutos.

Comments (2)

  1. Si estimado Erick, de acuerdo en todo, excepto con tu apreciación de los “irracionalmente atractivos y emocionantes” encuentros de titanes, lo desprolijo de dougherty (si, así, con minúsculas) es marca y patente aquí, acción inentendible, absurda y gratuita. Yo concuerdo contigo, no hay historias que ameriten desconectar el cerebro para hacerlas disfrutables, pero parecería que éste desastre te ruega hacerlo desde los misma secuencia inicial.

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