Los años azules, crítica

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Crítica de Los Años azules.

Los años azules
La caja cerrada
Por Erick Estrada
Cinegarage

Estamos invitados a una casa en ruinas. El panorama fuera de ella no es muy alentador. Todo parece estar detenido, derruido, plano, sin emociones. Al entrar a lo que queda de esta casa Sofía Gómez-Córdova nos deja, sin embargo, algo alejados de sus personajes: un grupo de adultos que quizá no saben que lo son, para observarlos casi detrás de las ventanas, como habitando el patio.

Un gato.

Un gato gris, escualido y desinteresado se pasea por la casa y pronto, al ser él quien más cerca está de nosotros, nos invita a tomar su punto de vista, a observar a estos hombres y mujeres en sus rutinas y en sus espacios.

Acomodada así (aunque sustentada en momentos de actuación equilibrados), la película toma un riesgo brutal, el de mostrarse desinteresada de sus personajes aunque en realidad no quiera estarlo (eso creemos), en dejar huecos que aunque sabemos que son consecuencia del punto de vista que hemos adoptado, saben a error, saben a bache.

Los años azules es entonces una película más valiente que certera pero que a veces muestra sus cualidades de manera equivocada y para ello un ejemplo. Tras pasearnos por una casa que no termina por convertirse en personaje y entre un grupo de personajes que no soportan estar juntos en la misma casa, nos encontramos con dos de ellos: Jaime, un chico gay que depende más de lo que él mismo quisiera de su madre, que le lava la ropa y le trae comida; y Silvia, una bailarina obstinada, algo frustrada, quien parece llevar las riendas de la casa.

Ambos se encuentran en el patio para regalarnos un momento distinto, en el que el ritmo de la película se transforma un poco, en el que la rutina se desbarata por un instante y en el que incluso la manera de retratar este encuentro se modifica. Ya no tenemos el punto de vista del gato, ya no tenemos las luces que disfrazan las grietas en las paredes ni los diálogos que muchas veces no van a ningún lugar.

Estos dos chicos ocupan, amablemente teatrales, el espacio del patio para conversar en un tono diferente. Los años azules se acerca ahí, en lo visual, en lo temático, en lo dramático, a los mejores momentos de las ácidas comedias de Jaime Humberto Hermosillo, lanzando una promesa a quien ve de que todo se romperá para profundizar su discurso y la escena resalta más por desentonar con la casi planicie narrativa que le precede que por sus propias cualidades.

Tras mostrar a sus personajes dispuestos al cambio Gómez-Córdova comete prácticamente el mismo error presente en el guion de Somos Mari Pepa (escrito al lado de Samuel Kishi): querer que sus personajes convenzan por lo ya dicho y no por lo que puedan decir a partir de ese instante. Si bien aquí el error no es tan grave como en Mari Pepa (que se hunde en su propia falta de meta), la sensación que se comunica es prácticamente la misma, que no se sabe a dónde quiere llegar.

¿Bien actuada? Sin duda, ¿Bien fotografiada? Nadie podría negarlo. ¿Busca el toque de originalidad? Por supuesto. ¿Es una película de retrato generacional? Quizá lo busque más de la cuenta.

El símbolo de la casa está. El escenario de falsas independencias, de falsos compromisos, de falsas lealtades y falsos planes en el que deambulan sus personajes, también. Pero después de un par de momentos como el descrito la película vuelve al tono de la despreocupación y esos personajes se envuelven de nuevo en la capa del hartazgo o del desinterés  (no lo sabemos). Todo ello es válido si Los años azules busca ese enfoque generacional, el del desinterés de un grupo de personas en un entorno derruido en una ciudad pasmada (¿en la casa viven como quieren vivir o es la vida que esconden una vez que salen a la calle?). Su problema es que, al no ver ella misma su meta o al confiar demasiado en lo que los personajes puedan sugerir antes que en lo que tienen comunicar el punto de vista se pierde e incluso se trastoca: las historias que deberían ser un mosaico de ejemplos de las dificultades cotidianas (como las han tenido, sin embargo, todas las generaciones) al final no pasan de llamar la atención más allá de lo que la llama un gato que pasa por el patio.

CONOCE MÁS. Una vez leída la crítica de Los años azules esta es la crítica de Erick Estrada a Somos Mari Pepa.

Los años azules
(México, 2017)
Dirige: Sofía Gómez-Córdova
Actúan: Luis Velázquez, Paloma Domínguez, Juan Carlos Huguenin, Ilse Orozco
Guion: Sofía Gómez-Córdova, Luis Briones
Fotografía: Ernesto Trujillo
Duración: 100 minutos.

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