Shoplifters / Un asunto de familia, crítica.

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Shoplifters.
Un asunto de familia
Por Erick Estrada
TIFF 2018
Cinegarage

La bienvenida a una fantasía puede ser dura, limpia, enloquecedora, cautivante e incluso delirante. La bienvenida introductoria a Shoplifters / Un asunto de familia es precisamente eso, todo, pero en cantidades mínimas elementales para aparentar con una elegancia suprema y a veces inaudita, que no estamos en una fantasía sino en el retrato de una realidad que juega con nuestras percepciones.

Nada de ello es raro en el cine de Koreeda. En After-Life (Japón, 1998) ocurría alrededor de la muerte y la memoria, un tema que con una envoltura completamente diferente repite desde el lado de los dolientes en Distance (Japón, 2001); ocurrió con temas familiares en Nadie sabe (Japón, 2004), Still Walking (Japón, 2008), Milagro (Japón, 2011) y alcanzó niveles sublimes en ese revuelto casi surreal que es De tal padre, tal hijo (Japón, 2013) y Nuestra pequeña hermana (Japón, 2015); todo ello sin olvidar giros más marcados hacia el mundo de la fantasía (para recalcar lo absurdo de la realidad que nos ha tocado vivir) que Kore-eda ejercita con poder en Hana (Japón, 2006) y Air Doll (Japón, 2009). Mucha de la contundencia que en 2018 presenta su largometraje más reciente, Shoplifters / Un asunto de familia, viene de la presencia de todos estos temas y prácticamente todos estos tratamientos difuminada, esparcida con aire, pero densa cuando la historia ha dejado ver sus giros, ha marcado sus esquinas y ha redondeado sus matices.

Alrededor de una familia de ladronzuelos Koreeda desarrolla varias historias que se trenzan casi invisiblemente. Al mostrar la forma en que esta familia roba, se une por su forma de robar, estrecha sus lazos con nudos sobre la idea de robar en un mundo en el que todos roban, Koreeda construye un faro que señala varios puntos de un mundo descarnado e incluso conservador que ataca con fiereza a lo diferente, a lo pequeño, a lo sutil, a lo amoroso.

De un invierno brutal en el que esta familia se ve confrontada ante la presencia de un nuevo miembro (una niña que vive abandonada en su propia casa, ignorada por su padres naturales), Shoplifters / Un asunto de familia viaja por las estaciones del año (y lo que cada una de ellas representa, muertes y renacimientos, tormentas y momentos plácidos) para regalarnos ideas y matices de sus personajes (¿acaso robamos la intimidad de estos ladrones de poca monta?) que poco a poco desvelan el interés de Koreeda (presente en prácticamente todas sus películas) por relatar lo que le ocurre a los pequeños de este mundo, se trate de mujeres maltratadas, de niños abandonados, confundidos, o formas de vivir alejadas del gran capital.

Conforme la precariedad de esta familia ajena a los mecanismos del capital voraz (trabajo regular pero esclavizante, paga regular pero insuficiente) se hace más patente pasando de momentos refrescantes en el verano y fiestas primaverales a aires brutos e inhumanos en el invierno, el foco de la película busca con más insistencia al pequeño niño que conocimos en la introducción y que ha evolucionado en sus pequeñas artes delincuenciales, que las ha pasado a los más jóvenes como se pasa el conocimiento en las familias pero que al mismo tiempo madura, conoce más y se sabe impotente ante el inexplicable acoso de ese sistema que con su forma de vida los ve como una amenaza.

Es a través de ese choque que el bloque final de la película encaja con una fuerza inusitada en medio de las imágenes calmas y los colores pretendidamente pálidos con que Koreeda teje esta narración. Shoplifters / Un asunto de familia muestra ahí la espada oculta del samurai envejecido a favor de estos desposeídos de mucho, ladrones de poco: ¿vivimos en un mundo en el que todo mundo roba, pero que sólo persigue a los que roban poco?; ¿qué es o qué puede ser una familia?; ¿sólo hay familia donde hay lazos de sangre o podemos los desposeídos llamarnos familia en un mundo que nos explota a escondidas?; ¿por qué este sistema se siente amenazado por los pequeños, por los alejados, por aquellos a los que nadie ve?; ¿cómo sobrevivir moralmente en un mundo que se crea este tipo de amenazas?; ¿cómo ser parte de esta suave resistencia, indispensable, humana entre lo inhumano?

En su montaje (la madre y su relación la cámara, el padre que adopta la figura del invierno, el hijo que comprende al mundo con el paso de las estaciones), en su delicadeza narrativa (sello del director), en su maduración tras bambalinas, en su peso (que cae tras la experiencia de la película), Shoplifters / Un asunto de familia es un llamado de regreso a lo pequeño, a mirar de nuevo lo que se nos ha dicho que es insignificante. Pero también es una convocatoria a abrirnos a lo diferente, ya sean formas de vida, familias atípicas, amores de vida o muertes de ilusiones (recuerden ese funeral rebelde). Es una convocatoria a dejar de perseguir al gigante inalcanzable del mundo actual y sus sistemas y recuperar el refrescante momento en el verano que nos hará soportar el crudo viento del invierno. Es Koreeda robusto en su madurez, suave entre sus historias elegantes pero incisivo, de veneno lento hacia el sistema y desde la óptica de los menos favorecidos.

CONOCE MÁS. Este es el episodio en el que Erick Estrada y Sergio Huidobro hablan a profundidad de Tras la tormenta, película dirigida por Hirokazo Koreeda.

Un asunto de familia
(Manbiki kazoku, Japón, 2018)
Dirige: Hirokazu Koreeda
Actúan: Lily Franky, Sakura Andô, Mayu Matsuoka, Jyo Kairi
Guión: Hirokazu Koreeda
Fotografía: Ryûoto Kondô
Duración: 121 minutos.

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