Tamara y la Catarina, crítica.

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Tamara y la Catarina.
El desencanto y la tragedia
Por Erick Estrada
Cinegarage

Tamara es una especie de animal perdido en espera de ser rescatado. Enfrentada a la “normalidad” reinante en un mundo que no se ha dado cuenta que lo normal nunca podrá ser real, abandonada por su hermano, probablemente cansado de replicar una rutina en la que Tamara se siente cómoda y útil (sus llamadas capacidades diferentes le exigen no esforzarse en cosas tan nimias como comprar la comida de todos los días), acostumbrada a recoger otros animales que pareciera que también están en espera de ser rescatados, se topa con una niña que, desde la óptica que plantea la película (centrada focalmente en Tamara, moviéndonos a través de su punto de vista) también estaría en el nivel de las capacidades diferentes: no puede valerse por sí misma.

Desde ahí, aunque perdiendo algunas oportunidades para propulsar la narración, la película de Lucía Carreras comienza este camino de dos seres aparentemente desvalidos en una Ciudad de México dura pero acogedora, tanto que sorpresivamente (pero creo que no sorprendentemente, por lo menos no a esas alturas de la cinta) entra en escena un tercer personaje también femenino que redefinirá la narración de Carreras y la vida de sus otros dos elementos de observación.

Con el objetivo claro, la película de Carreras tropieza de nuevo un par de veces (se comprende pero quizá no sepa más que a adorno el hecho de que la policía se muestre corrupta o corruptora, especialmente cuando después Carreras nos dirá que esa policía sigue el mecanismo de corrupción de manera obligada y sin escapatoria) para después lanzar su apuesta final, clara y disfrutable, pero probablemente enraizada de más en una narración de cocción lenta que no funciona del todo… o no todas las veces. Tamara y la Catarina es una historia de solidaridades femeninas: los hombres o no pintan o son vistos como una amenaza (real, hay que decirlo) a los ejercicios de solidaridades femeninas. Pero también es una historia de maternidades solidarias: nuestro tercer personaje adopta momentáneamente a Tamara casi de la misma forma en que Tamara adopta momentáneamente a su Catarina, todo sin figuras masculinas a la vista pues nuestro tercer personaje (por momentos una espectacular Angelina Peláez) también está abandonado y en espera de rescate por un par de hijos con los que no puede contactarse, igual que Tamara que busca sin éxito que su hermano le responda en el teléfono.

Al final, Tamara y la Catarina es igualmente una historia de soledades solidarias, la de tres personajes que se vinculan al verse y sentirse solos, pero que se vinculan no por verse desesperados y encontrar de repente a su último salvavidas, sino por una necesidad humana de contacto, natural y sin intereses.

Ahí está el poder de la película y ahí se encuentra el cimiento que soporta parte del desencanto y la casi tragedia que viven sus personajes, que nos abandonan poco a poco sin darnos más datos de su futuro. Acierto de idea en el guión que, probablemente, necesitaba un poco más de vigor y músculo en el montaje y ritmo para dejarnos entrar con soltura a una historia necesariamente femenina y urbanamente necesaria. Más vigor y músculo.

CONOCE MÁS. Esta es una entrevista que Erick Estrada le hizo a Lucía Carreras a propósito de su película Nos vemos papá.

Tamara y la Catarina
(México, 2016)
Dirige: Lucía Carreras
Actúan: Ángeles Cruz, Gustavo Sánchez Parra, Angelina Peláez, Harold Torres
Guión: Lucía Carreras
Fotografía: Iván Hernández
Duración: 107 min.

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