El legado del Diablo, crítica

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El legado del Diablo.
La maldición de la sangre
Por Erick Estrada
Cinegarage

Nunca se sabe de dónde llegan las maldiciones. El maldito, la maldita, pueden ser señalados pero el origen de su desgracia permanecerá en el secreto, oculto en el último rincón de una casa minúscula.

En su debut como director Ari Aster explora la maldición que ha caído sobre una familia y que parece desatarse cuando la matriarca finalmente sucumbre, cuando habita ya un ataúd que parece insuficiente para contener las dudas sobre ella, sobre el final de su vida, sobre lo que viene en camino. Aster desata en ese funeral una serie de acontecimientos que por capas formarán una anécdota libre y fuerte, pero atada siempre a la incertidumbre no de lo que puede ocurrir (enorme acierto), sino de lo que ha ocurrido antes para que ahora las pesadillas se materialicen de esta forma.

Hereditary (horrible El legado del Diablo, el nombre en México de esta película) lanza entonces una serie de tétricos tentáculos que levantarán una serie inimaginable de imágenes diabólicamente complementarias en el caos interno de su personaje central, no la amenazante, inquietante y torturadora Charlie, la hija menor de Annie y Steve (el chasquido que sale de su boca es como una gota insistente y fría golpeando cada segundo un cráneo torturado por los años), sino la propia Annie, hija de la matriarca fallecida.

En un juego de espejos que suma tensión a una película que más que devorarnos nos inyecta veneno y nos persigue heridos de muerte (pensar en It Follows es inevitable más por las atmósferas que se logran que por el parecido en la historia) Aster nos mete con cruel disciplina (¿somos la aguja o lo que inyecta la aguja?) en la psique de Annie, incapaz de comprender de dónde salen las imágenes que le diluvian encima tras la muerte de su madre, pero sabedora que esas mismas imágenes reflejan su insatisfacción cotidiana en las casas miniatura con las que juega a reconstruir su propia mente.

Su esposo Steve parece no pintar en el panorama, su hijo vive encerrado en su propio mundo despreciando por método casi todo lo que lo rodea; y su hija de repente parece ser el catalizador de esa maldición que ahora está presente en el fuego que consume y en los amaneceres en su casa.

¿Qué es esa maldición? Al responder Hereditary demuestra de nuevo el nivel de terror que maneja. No es uno emparentado con posesiones o manifestaciones de Satán (nos quejaremos hasta la muerte del nombre asignado en México). Parece más bien la milenaria maldición de que Annie vea transformada su existencia alrededor de la maternidad.

No se juzgue mal. Hereditary no es una película que juegue con la psique rota de una mujer que ha sido madre (esta infernal desazón, este torrente de submundos que salen a la superficie, ¿están dentro o fuera de la cabeza de esta mujer?), sino una historia que materializa el descontrol y el horror de esta mujer al darse cuenta que el mundo maternal y familiar, idílico, que se le ha dicho que existe, está tan lejano como la atención que le presta su familia. Hereditary, entonces, está más en ese horror a lo Bebé de Rosemary o en el drama psicológico de Tenemos que hablar de Kevin (sus temas están ahí) que en la larga lista de maldiciones familiares a pesar de que sus aires, resquebrajados, gélidos, viciados, son tan de El exorcista como de La profecía, esa otra familia blanco de quien sea genera lo maldito.

No, sus maldiciones no son las del esquelético cine de terror industrial contemporáneo (ríanse de Lorraine y Ed Warren), son las de la inquietud de saberse parte de una maquinaria maldita, atrapada en un círculo de vida insatisfactorio; las de saber que se haga lo que se haga la palabra “bruja” será marca y señal para uno (sí, La bruja de Robert Eggers también se comunica con esta película), las de saber que no hay una explicación sino la explicación misma (esta familia está maldita, pero no sabemos por qué). Es el hambre de razón, eterna en Annie obligada además a nadar en un océano negro que chirría y maúlla, que muerde y destroza, que vive boca abajo pero que mira a todos lados, como el monstruo eterno, como el terror cotidiano, como el salto al vacío, como el espacio lleno de fantasmas mentales, como el clóset donde viven nuestros miedos, no a la vista pero presentes sin remedio.

Descubrir la maldición de vivir en una familia maldita (¿recuerdan Dulces sueños mamá?) es hasta donde llega la narración de Aster. Pero el camino que recorre para hacerlo es una tormenta despiadada de descontroles milimétricamente acomodados, no para sobresaltarnos, sino para congelarnos en el miedo de estar frente a frente con la peor de las verdades, la que señala que estamos malditos y jamás sabremos por qué.

CONOCE MÁS. Esta es la crítica de Erick Estrada a It Follows.

CONOCE MÁS. Esta es la crítica de Dulces sueños mamá de parte de Erick Estrada.

El legado del Diablo
(Hereditary, EUA, 2018)
Dirige: Ari Aster
Actúan: Toni Collette, Gabriel Byrne, Alex Wolff, Milly Shapiro
Guión: Ari Aster
Fotografía: Pawel Pogorzelski
Duración: 126 min.

Comment (1)

  1. Es una buena película pero no es para tanto, hay mejores como el babadook, después de verla me queda una duda ¿por qué el hijo de la familia tiene una apariencia de ser indio o latino siendo que todos los demás son rubios, blancos y de ojos azules?

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