Una mujer sin filtro, crítica.

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Una mujer sin filtro.
Sin filtro pero a la calca
Por Erick Estrada
Cinegarage

No es nuevo ni el acercamiento del cine mexicano a la comedia romántica que a veces lleva el prefijo “sexy” (ahí vienen un par de estrenos que parece lo usarán y explotarán con gusto), ni a la que se acomoda más con el sufijo “melodrama” que la dota de mensaje reconfortante y transparente por no decir comodino y aséptico.

Tampoco es nueva la costumbre de este mismo cine mexicano (que aquí copia las peores mañas del Hollywood caníbal de creatividad) de comprar guiones e ideas de cines tan cercanos como el chileno o el español para jugar a la franquicia cinematográfica con todas las implicaciones del término.

A nivel comercial eso otorga comodidades difícilmente equiparables por equipos de producción que, siguiendo el camino más difícil crean algo original, llegue esto a buen puerto o no. Esas comodidades van desde una adaptación ligera y prácticamente invisible de un guión que ya ha sido probado y aprobado por el público, un juego publicitario que no cambia prácticamente nada y que ahorra tiempo en un mundo en el que el tiempo es oro (los avances de las tres versiones de este guión -chilena, mexicana, española- no son  parecidos sino idénticos) y en el caso de Una mujer sin filtro el ahorro de energía para un diseño de producción propio: la película de Luis Eduardo Reyes (Amor letra por letra, Qué pena tu vida) parece contar con la misma paleta de colores, casi los mismos escenarios o selección de autos de sus personajes con respecto a la primera versión dirigida por el también autor del guion Nicolás López: Sin flitro (Chile, 2016).

¿Será que varios productores, algunos distribuidores, muchos mercadólogos no confían en el público mexicano y lo creen incapaz de apreciar una película no mexicana pero hablada en español (o incluso subtitulada en caso de estar hablada en otro idioma)? Al parecer no confían y en parte eso (sumado al deseo de un beneficio económico sin mayor esfuerzo) es lo que provoca que cada vez los guiones probados de un país se lleven a otro y que en este caso el cine mexicano traiga una historia escrita en Chile para hacer una copia a la calca sin el menor decoro. ¿Cuándo el cine mexicano podrá finalmente anunciarse como industria con defectos como este? ¿Cuándo se consolidará finalmente la zona cinematográfica iberoamericana al predominar las películas copy paste? Todo indica que la versión española dirigida por Santiago Segura sube el tono, se vuelve más directa y menos complaciente, -por lo menos antes de su desenlace- por no hablar de que cuenta con un reparto mucho más robusto que las dos versiones que le preceden, pero de seguir este camino construir esa zona cinematográfica tardará mucho más de lo que quisieran quienes se esmeran en hacerlo. Es decir, el ejercicio desde ese punto de vista resulta paradójicamente dañino. Entre más éxito tenga en taquilla (algo que una industria busca sí porque sí y que probablemente ocurrirá con esta película), más réplicas darán la vuelta por hispanoamérica repitiendo el círculo vicioso que parece virtuoso.

Por el otro lado, no hay que perder de vista que pese a lo engañoso de este juego de mercado (sólo ganan las producciones fáciles de guiones fáciles que entregan películas fáciles, nunca lo hace el público) el gran público, el grueso de un mercado que busca entretenimiento, es quien debe quedar complacido con las historias que se le muestran. En otras palabras, nunca hay que olvidar que hablamos de cine popular, de cine de masas y desde ese enfoque y con todo y el estigma de la calca, Una mujer sin filtro cumple una función y la cumple satisfactoriamente, pero no más.

Ante un guión que no exige mayor esfuerzo para plasmarse de nuevo en la pantalla, resulta inconcebible que desde la dirección no se cuidara mucho más al producto, uno con momentos de comedia elemental sobresalientes y que consigue en sí mismo mantener un paso digerible e incluso disfrutable (el primer arranque de ira de Paz, nuestra protagonista, que ejerce por primera vez el derecho de queja y enfado es el mejor ejemplo, plasmado por lo mismo en los avances DE LAS TRES versiones).

La razón de ello es, volvamos a las paradojas, lo que le da a esta película su luz y su oscuridad: la historia de Una mujer sin filtro contempla únicamente a esa Paz (Pía en la versión chilena) que se ve liberada del filtro de la amabilidad sin fondo, sello de la hipocresía burguesa contemporánea, vehículo de la corrección política más vacía y falsa y causante de cientos de obstáculos cotidianos. Paz es liberada de ese peso a través de un ritual que si bien no tiene nada que ver en la forma, en el fondo sí es una transportación casi directa de lo que ya nos había contado Mentiroso, mentiroso (EUA, 1997) con mejores resultados y mayores alcances a pesar de un epílogo un tanto conservador y complaciente: esa amabilidad hipócrita desaparecerá del todo. Al ser liberada Paz se transforma en la protagonista de su propia vida y en consecuencia la figura dominante de la película: el guion está centrado exclusivamente en ella y en consecuencia su intérprete goza de todas las ventajas (escritas o abiertas a improvisación) para apropiarse de la película completa. No es gratuito que Paz Bascuñán fabrique y se quede con toda la simpatía de la película de Nicolás López y es menos gratuito todavía que Fernanda Castillo haga maravillas, construya un personaje y nos lleve de la mano junto con su encanto para decir palabrotas (no es nada sencillo, muchos se niegan a hacerlo) a través de una película harta de la torpeza de su cámara, que no detalla nunca y que no sólo no narra sino que a veces nos aleja de su personaje central con descaro mayúsculo (Antonio Quercia tiene en su curriculum la también muy incorrecta -en varios sentidos- Madre de 2016). Fernanda Castillo logra algo que el guión le pide y le ha dado casi predigerido, pero llegar a esa meta en medio de una flacidez visual tan grande, con un reparto tan abandonado, con diálogos frágiles como el plasti vidrio es meritorio en todos sentidos.

Son ella y su personaje quienes mueven y ejercitan la historia. Es ella quien aprende la lección y recorre un arco de transformación nada despreciable a pesar de que la película recula y abandona su propia (pero inofensiva) rebeldía para optar por un tono casi moralino.

Sin embargo, al centrarse exclusivamente en Paz, el guión deja de lado al resto de los personajes (a los que Luis Eduardo Reyes no quiere rescatar y en consecuencia nunca lo intenta) quienes no sólo no aprenden una lección a través de Paz (y nosotros con ellos), sino que así como los congela Una mujer sin filtro -sin cambios, sin lecciones, sin reflexiones, sin apertura, casi maniqueos- terminan por mostrarla incorrectamente. Tras su cambio, abandonando todo y a todos, tras un arranque de rabia ejemplar y envidiable, sin dejarnos ver si los otros personajes han captado el mensaje (incluso dejando claro que no lo han hecho) Paz queda inconscientemente dibujada como lo único que no es: una mujer que vino a gritar para luego escapar, una loca que ha optado por irse y que prefiere estar sola.

Feliz día de tu muerte (EUA, 2017) usó la materia de la pesadilla recurrente (en donde Paz está  en un comienzo) y la salpicó de una crítica a la doble moral que en algo se parece (con mayor profundidad) a lo que sugiere Una mujer sin filtro y con lo que juega muy bien Mentiroso, mentiroso en su desarrollo; pero en lugar de temer y mostrar el cambio en sus personajes que reciben el mensaje de la moraleja tras un periplo elemental y complejo a la vez, lo muestra e incluso lo demanda para después celebrarlo. Es decir, sí se puede.

Con todos los aciertos de Castillo en una película que se muestra temerosa y a veces desangelada (esa escena del gato en la que tanto ella como Mara Escalante quedan atrapadas en un aire de mal melodrama que desprecia dos cosas: la enorme oportunidad de cambio en el personaje de Escalante y la oportunidad de entregarle a la cinta un momento de comedia negrísima guiñando a los hermanos Farrelly), aquí nunca se busca más de lo que se propone desde una versión anterior de la misma historia: un momento de distracción con cierto grado de calidad en manos únicamente su protagonista.

Veremos si la versión de Santiago Segura se decide a dar un paso verdadero hacia adelante. La de Reyes parece no saber que puede hacerse.

CONOCE MÁS. Esta es la entrevista que sobre Camino a Marte le hizo Erick Estrada al director Humberto Hinojosa, al guionista Antón Goenechea y al actor Luis Gerardo Méndez.

Una mujer sin filtro
(México, 2018)
Dirige: Luis Eduardo Reyes
Actúan: Fernanda Castillo, Roberto Sosa, Carmen Aub, Alejandro Calva
Guión: Nicolás López, Diego Ayala
Fotografía: Antonio Quercia
Duración: 90 min.

Comment (1)

  1. Porque hacer este tipo de películas! Quisiera pensar qué hay gente que reviso el nivel de audiencia en Netflix! Yo vi la película chilena en streaming y me pareció tan simple que cuando vi que harían la versión idéntica en México y volví a encanijarme al pensar que “de plano la creatividad del mexicano esta tan en la calle?” Saludos!

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