Mañana psicotrópica, crítica.

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Mañana psicotrópica.
El road trip interior
Por Erick Estrada
Cinegarage

En lo que parece un reventón interminable (que no es nada nuevo en el cine mexicano) Alexandro Aldrete nos sumerge a una serie de personajes que tras las primeras pinceladas -porque así está armada su película- que parecen no tener sustancia alguna en una historia que parece no tomará rumbo para narrar un viaje hacia a la playa que probablemente no ocurra.

Ese efecto, probablemente, sea la prueba de un rompimiento generacional que suele separar a quienes ya no lo somos de un grupo de jóvenes nada rebeldes que a primer vistazo parecerían desobligados y perezosos, como probablemente desobligado y perezoso sea el arranque que nos llevará a la mañana psicotrópica que se nos ha prometido.

Sin embargo, conforme pasa frente a nosotros la larga lista de drogas que esta banda de anti caifanes consume, los personajes muestran las capas que dotarán de rumbo a una minúscula narración que no pretende otra cosa sino demostrar lo que muchos han olvidado: que si bien el mundo no está bien, por lo menos nos tenemos los unos a los otros.

Aldrete mantiene las pinceladas y sus personajes se vuelven pequeños sacos de fraternidad que encuentran -como ha ocurrido desde siempre, en el pensamiento alterno en la experiencia psicotrópica- las puertas que un mundo envilecido le ha cerrado a sus habitantes. Y lo hace con un tono que poco a poco cuaja y cura sus heridas suicidas y que va de lo tremendamente festivo y anti solemne a lo natural y elemental, impulsando un poco la doble lectura, la detección de sutilezas, lo natural en la anti naturalidad de estos chavos que demuestran, además, que lo que estamos viendo no es un reventón eterno (y que en cintas como Los muertos adquieren tonos aberrantes y de moralidades de espanto) sino un viaje sin carretera en el que escapan del verano de la provincia mexicana y que necesitan llevar a cabo para demostrar que siendo vil el mundo, hay que voltear a vernos a los ojos (esa escena casi sin luces en la bañera, esa llamada de nuestro pequeño atormentado, nadando en hongos, a unos padres a los que afortunadamente nunca escuchamos).

No podrán estar en paz con un mundo como el nuestro, pero pueden estar en paz entre ellos mismos.

No curarán la oscuridad y el egoísmo más allá de las paredes de su casa de fiesta (esa presencia del político que aunque quiere ayudarlos se muestra condescendiente como el típico político mexicano que es), pero saben que pueden estar en paz entre ellos.

Todo está envuelto en baños de espuma del tercer mundo, en bailes catárticos comunales con luces de segunda categoría (las drogas de calidad consiguen eso siempre) y en tonos de stoner film melancólico. Es decir, todo va a estar bien aunque las cosas no estén bien.

En el pequeño empuje que para el uso y disfrute de drogas pueden dar propuestas como esta (ahí aparece una bandera mexicana con un nuevo escudo nacional) y a pesar de no querer dotar de más vitalidad y carácter a sus personajes (querer un poco más hacerlos memorables, inolvidables, darles sello personal) y a la propia película (que a veces regala tomas y escenas que estorban más que dejar pasar), una película como esta se agradece, especialmente en un mundo que cada vez ve peor a la libertades que podemos tomarnos… o bebernos, o fumarnos, o dejar que se nos derritan en la lengua.

CONOCE MÁS. Esta es la crítica de Erick Estrada a Los muertos.

Mañana psicotrópica
(México, 2015)
Dirige: Alexandro Aldrete
Actúan: Marcelo Galán, Esteban Velasco, Camila Barragán, Sophie Latrouche
Guión: Alexandro Aldrete
Fotografía: Daniel Cárdenas
Duración: 85 min.

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