Camino a Marte, crítica. Película de la semana.

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Camino a Marte.
El amor apocalíptico
Por Erick Estrada
Cinegarage

¿Qué significa estar muerto? Esa podría ser la pregunta inicial de Camino a Marte, una pregunta inicial que aparece en el arranque de una historia que sabe a final; un final presentado al comienzo en una situación a la que estamos acostumbrados a ver como conclusión. Violeta ayuda a Emilia (su mejor amiga) a escapar del hospital en donde parecen haberla dado por perdida después de una larga lucha con cualquiera que sea su enfermedad.

Emilia está mal pero está a punto de convertirse en el centro del universo para un extraño personaje que les dice a ambas -que lo encuentran vagando en la carretera californiana mexicana- que viene a destruir al mundo.

Humberto Hinojosa recoge así varios de los temas que le hemos visto deshilar en sus películas anteriores. La escapada y un enamoramiento que la interrumpe, que atasca los planes que para el futuro tienen dos amigos en Oveja negra (México 2009), su estupenda ópera prima; el encuentro de dos absolutos extraños que tienen que usar medios extraordinarios para comunicarse y saber si en realidad lo que los atrae es amor o es amor a su propio dolor en I Hate Love (México-EUA, 2012); el futuro destrozado por un triángulo que no es precisamente amoroso pero que cuenta con vínculos fraternos que atan de manos a sus integrantes o que les dan la posibilidad de maltratarse entre sí en Paraíso perdido (México, 2016). Para sacar la línea que puede dar una de las varias lecturas con las que cuenta Camino a Marte (engañoso nombre de comedia romántica bobalicona que no debe distraer a nadie porque definitivamente ésta no lo es) podríamos decir que en estas historias previas Hinojosa ha dejado clara su posición casi escéptica ante el amor, ante las relaciones humanas.

Afortunadamente, como tampoco lo hizo en sus historias anteriores, Hinojosa no se repite y se decide por un clarísimo road movie de tintes apocalípticos, que en un principio engaña con transformarse en la versión desencantada de un México completamente desquiciado de aquella jovial y enamorada (de un México enamorado de sí mismo) Y tu mamá también (México, 2001), pero que muta oportunamente para entregar sus propias propuestas y separarse de manera clara de la parodia y la referencia fácil.

Emilia y Violeta han conocido a Mark, una mezcla de extraterrestre – falso profeta perdido en el desierto – cerebro frito del último rave en Tijuana – David Bowie en El hombre que cayó a la Tierra (Reino Unido, 1976) – encarnación divina de la religión que ustedes elijan – iluminado casi mudo lleno de certezas en sus silencios que se acomoda entre ambas como el elemento que va a desbalancear su amistad perfecta a prueba de muerte: a final de cuentas parece que Violeta sacó a Emilia del hospital para que ella pueda morir donde y con quien elija. Frente a ellos, aterrizando en su destino, un huracán de proporciones irreales del que todos escapan pero al que ellos saben que quieren dirigirse.

El viaje de los tres es entonces uno directo a la pérdida total. Mark quiere cumplir su misión y enarbolando la bandera de Hinojosa declara que el amor es un estorbo que ha hecho de la humanidad algo prescindible. Emilia sabe que está enferma y que el final del viaje es también el final de su existencia. Violeta tiene claro que al final del viaje perderá a su mejor amiga y, si Mark no miente (e Hinojosa nos da las señales necesarias para dudar sobre si miente o no), también se perderá con el planeta entero.

Iluminando los caminos de Richard Kelly en Donnie Darko (el amor interrumpido por un inminente fin del mundo en cuenta regresiva) y rescatando las ideas más precisas de Lorene Scafaria en Buscando un amigo para el fin del mundo (EUA, 2012), Hinojosa y Goenechea (coautor del guión) tejen una danza de señales e ideas inspiradas pero trabajadas conscientemente en la que sus personajes exprimen esos momentos antes de la hecatombe para sacar de ellos la esperanza necesaria ya sea para completar su ruta (esto es una road movie) o por lo menos para cumplir el deseo de Emilia: terminar todo cuando y con quien se quiera.

Camino a Marte tiene otra enorme virtud. Se permite a ella misma transformarse, cambiar el rumbo de sus personajes en una carretera en línea recta como lo es el camino del norte al sur de Baja California. Esos cambios dejan que Hinojosa muestre estilo visual y trabaje aún más su enfoque del amor y de las relaciones que provoca (o que destruye), su enfoque hacia lo que los humanos le hacen a los humanos y que no siempre es lo mejor. Mark, como personaje, enfoca sus (y nuestras) dudas con el viejo truco del extraterrestre perdido en la Tierra, pero Camino a Marte tampoco abusa de esa herramienta y con la historia deja que Mark se convierta en todo lo que hemos dicho para después -en anécdotas de galopes de felicidad fugaz y señales de amor al espacio exterior (esa escena en una parabólica muerta en la que el amor muerto resucita mirando al cielo bajacaliforniano)- materializarse como la muerte misma (él desencadenará el apocalipsis) o una especie de autor en un viaje de metaficciones que ha decidido darle a Violeta y Emilia una lección en la ficción de su vida ideal encaminada a un final después del final con que todo comenzó.

Y sin embargo, probablemente la mejor figura/idea que despierta Mark y la película, es la de la encarnación de los miedos que tiene que enfrentar Emilia (¿qué significa estar muerta si se muere de esta forma? parece preguntarse), depositaria al final de esa y de todas las dudas que surjan de este equilibrado cóctel de sensaciones dubitativas, de enamoramientos terminales, de orgasmos iluminadores, de cogidas desencantadas, de viajes al desierto con playas escondidas. Un cóctel con el rigor cinematográfico necesario para lanzar el último mensaje de esperanza hacia un trío de nuevos amigos encapsulados en un Volvo, y hacia un país que sabe desde hace mucho que se dirige a su propio apocalipsis y que debe decidir si encontrará en ese desastre una nueva oportunidad para enamorarse de sí mismo.

CONOCE MÁS. Este es el avance de Camino a Marte.

Camino a Marte
(México, 2017)
Dirige: Humberto Hinojosa Ozcariz
Actúan: Camila Sodi, Luis Gerardo Méndez, Tessa Ia, Andrés Almeida
Guión: Antón Goenechea, Humberto Hinojosa Ozcariz
Fotografía: Guillermo Garza
Duración: 93 min.

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