The Square, crítica. Película de la semana.

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The Square
La bolsa al centro del museo
Por Erick Estrada

Cinegarage

You have nothing” dice un anuncio luminoso -en parte instalación en parte nada en luces neón- al centro del salón de un museo de arte contemporáneo. Christian, el director del museo es entrevistado por una casi incompetente reportera que se deshace en florituras vacías en las que ella cree hay una pregunta encerrada.

Christian sabe que lo que ella dice no representa nada y probablemente también sabe que sus respuestas no dirán nada a quien pueda escucharlas y la razón es sencilla: todo alrededor del arte contemporáneo tiene que ver con el dinero. Si no hay dinero, “no tienes nada”. Lo demás no importa.

Anne, la reportera, no tiene nada. Christian no tiene nada. Y de la nada parte ésta ácida anécdota en la que Robert Östlund (que ya nos había cimbrado con la estupenda Fuerza mayor) agitará los cimientos de la perfección capitalista a través del maltrato moral de sus imperfectos personajes al hacerles saber precisamente eso, que no son perfectos.

¿Es el arte perfecto? ¿Siempre se puede hacer las cosas mejor? ¿Es el arte lo perfecto acomodado entre lo imperfecto? Todas son preguntas pertinentes en este caso no sólo porque Ostlund ha decidido rebanar al sistema de vida contemporáneo a través de lo que ocurre en el universo del arte contemporáneo, sino porque es ese arte contemporáneo uno de los frutos del capitalismo rampante en el que vivimos.

¿Dónde florecería si no cualquiera de las instalaciones del museo que regenta Christian? ¿Quién si no un capitalista heredero de las ínfulas de la nobleza que aún se revuelca en su tumba abierta, compraría y sentiría satisfacción con una de esas piezas en algún salón de su departamento en Estocolmo?

Ruben Östlund hace de ese museo un ejemplo vivo del absurdo en el que el mundo occidental se encuentra atorado -y sin deseos de salir- y todo lo hace con el mejor de los ejercicios dentro del guionismo para cine: el efecto bola de nieve que en Fuerza mayor (Suecia-Francia-Noruega-Dinamarca, 2014) provocada el abandono del padre de familia ante la amenaza de una avalancha; él huye despavorido para después destapar una caja de fantasmas y secretos que provocan una crisis monumental dentro de la aparente perfección de su familia nuclear. Aquí, se trata de un efecto de nieve en el que el asalto en el que Christian pierde su teléfono inteligente decae capítulo a capítulo para desencadenar situaciones cada vez más violentas que a cada minuto ponen a prueba la paciencia personal de Christian y su fe en el sistema, en donde hasta entonces sonreír era suficiente para dar por solucionado un conflicto… aunque en la realidad eso no sea cierto.

Al centro de ello, la jugada maestra de Östlund. Christian se enfrenta en más de un sentido a la instalación estrella del museo, un cuadro luminoso dentro del cual todo es justicia y saber, amor y confianza. Es decir, quien quiera que necesite algo de nosotros (justicia, amor, dinero, comida) puede entrar al cuadro para pedirlo y nosotros debemos confiar en ello lo suficiente como para satisfacer esa necesidad.

Esa nueva herramienta es la pinza que Östlund necesita para lanzar sus elegantes escupitajos (visualmente la película es en sí una instalación grata y estéticamente propositiva) a un sistema que ha facilitado expresiones tan “provocativas” y al mismo tiempo tan “abiertas” como The Square (la “obra de arte”). ¿Todo lo que se coloca en un museo es arte?, ¿una bolsa, cualquier cosa? ¿Es entonces The Square arte? Lo mejor, para extender el discurso y usar la pinza con maestría Östlund nos hace ver esa espiral decadente en la que se encuentra Christian para hacer esa pregunta hacia nuestras vidas diarias: ¿cualquiera que pide ayuda, la necesita en realidad? ¿Damos esa ayuda porque confiamos en quien la pide (es decir, porque está dentro de un cuadro de confianza), o porque eso sana momentáneamente nuestra conciencia de la misma forma que la sanamos al aceptar ante todos los demás que algo es arte (lo que sea) sólo por estar dentro de un museo?

En ese trajín Östlund deja que su bola de nieve crezca no solamente para subrayar el absurdo que la generó (¿robar como le robaron a Christian es un arte?), sino para hacernos ver que ese absurdo no solamente no nos llevará a ninguna parte (“You Have Nothing”), sino que en el camino lo peor de ese sistema perfecto (¿perfectible?) traerá a la luz lo peor de nosotros, las sombras menos sospechadas (¿un robo artístico deja de serlo cuando detona remolinos como en el que se encuentra ahora Christian?).

El salto no ha terminado. Östlund tiene la espada desenvainada y en este degenerado sistema no va a dejar títere con cabeza: ni a los reporteros que reportean sin prepararse, ni a los publicistas que venden retórica en las juntas y que tras masturbaciones mentales escupen campañas vacías que parecen llenas (como las preguntas de Anne), ni a los asistentes que sueltan ideas para salir del paso hasta que el paso los alcanza y tienen que salir despavoridos, es decir, no puede contarse con ellos. ¿No es eso también un robo? ¿De tiempo, de dinero, de inteligencia (la nuestra), de esperanza?

Östund permite que el torbellino crezca de tal forma que además de castigar a sus casi perfectos personajes (descarapelados ya por las absurdas circunstancias en que ellos mismos se han encerrado) los machaca más, los sacude, los hace explotar como a la pequeña niña dentro del cuadro que enciende las redes sociales de rabia e inquietud ante el beneplácito de los chicos de la agencia que sólo alcanza a ver el éxito viral de su retórica idea.

Falsedad, oportunidad, hipocresía, falta de compromiso, mentira, violencia, salvajismo y vampirismo. Todo eso queda puesto en The Square como los ladrillos de las sociedades occidentales, todas. Östlund nos dice que hay un pequeño cuadro luminoso al centro de un patio en el que nada de eso tiene cabida y en donde cualquiera puede entrar. Sólo hay un problema, el cuadro es muy pequeño.¿Es un engaño? ¿No hay esperanza? Si la hay parece que desde The Square Östlund nos dice que esa esperanza es probablemente una bolsa abandonada en el centro de un salón en un museo de arte contemporáneo. Es decir, no tenemos nada.

The Square
(Suecia, 2017)
Dirigen: Ruben Östlund
Actúan:  Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary
Guión: Ruben Östlund
Fotografía: Fredrik Wenzel 
Duración: 142 min.

CONOCE MÁS: Esta es la crítica de Erick Estrada a Fuerza mayor, también dirigida por Ruben Östlund.

CONOCE MÁS: Revisa toda la lista de ganadores del el Festival de Cannes 2017 en donde triunfó The Square.

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