FICM 2017 7. Maravillas y desmaravillas.

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FICM 2017 7.
Maravillas y desmaravillas
Por Erick Estrada
Cinegarage
Enviado

FICM 2017 7. Ayer maravilla fui.
Blanco y negro, Contrastes. El discurso visual partido en dos no colores representa al mismo tiempo la fuerza y las debilidades de Ayer maravilla fui, escrita y dirigida por Gabriel Mariño.

En esas desventajas están algunas formas ya envejecidas, el tono semi melancólico de las voces y de construcción de algunos encuadres, que a veces esperan demasiado a los personajes. En el fondo una propuesta, ya también envejecida, probablemente demasiado abierta, con mucho aire entre sus momentos, entre sus capítulos, incluso entre pregunta y respuesta de los personajes bastante apaciguados de Mariño. Eso, hay que aclararlo, le da oportunidad a su cámara (estupendo trabajo de Iván Hernández) de pasearse y de elaborar un arranque de película hipnótico, de ritmo pausado pero firme, de elaborar encuadres tan gratos que nos ayudan a entrar a una historia que en sus primeros 15 minutos parece ser tanto surreal como paranormal, un choque de conceptos que genera intriga y hambre por encuadres y paisajes como estos.

No hay ningún problema con ello, sin embargo, cuando la película pasa al siguiente capítulo e introduce una secuencia de más presencias, de más movimiento físico (una fiesta), cae en un ritmo cojo y el bache subraya el logro estético del inicio que ahora sabe algo premeditado y Ayer maravilla fui evidencia entonces su vanidad: es una película bonita que sabe que es bonita.

Fuera de ello, la cinta de Mariño es también una invitación. Su búsqueda de encuadre su retoque en las frases de sus personajes, sus espacios en blanco y negro y lo no racional de su anécdota abre un camino para pasear entre los sueños de un espíritu que cambia de cuerpos y experimenta cada uno de esos cambios como una etapa de su vida (“vivo un momento de buena suerte” dice este espíritu cambiante cuando se encuentra en el cuerpo de Ana). Este espíritu tiene memorias de sus cuerpos pasados, diapositivas con las que elabora un discurso interno y que lo preparan para el siguiente cambio.

Lo mejor de la película es que este espíritu cambiante también es viajero y ello nos da la oportunidad de recorrer la Ciudad de México (aunque la declaratoria de la película aboga por recoger el nombre antiguo: D.F.) con los blancos, los negros y los contrastes que nos habían hipnotizado en el arranque, con los paisajes de una ciudad que siempre se transforma. ¿Es la Ciudad de México el espíritu que en estas acuarelas privadas de color nos regala Mariño? Es algo así y es gratísimo verla de esta forma.

La Ciudad de México se convierte en un personaje presente y borroso, anti silencioso, en eterno movimiento. La Ciudad de México provoca odios y amores y en esa Ciudad este espíritu encuentra en su momento de suerte una leyenda amorosa que como el resto de sus diapositivas no podrá olvidar. Y es que Gabriel Mariño, en los aires que nos abre, da una oportunidad de leerla como esos tránsitos entre luz y oscuridad, placer y dolor de cualquiera que se enamora.

Ayer maravilla fui es un recordatorio de lo que es esta ciudad, de lo que quiere ser, de que mañana será otra y que ese mañana no garantiza de ninguna forma placer eterno. Algo de dolor habrá. Como cuando uno se enamora.

 

FICM 2017 7. Demonios tus ojos.
Todo parece indicar que Pedro Aguilera busca la construcción de un alma negra, la de Oliver (Julio Perillán), un director de cine que presume ante nosotros y en cuanto puede que graba todo el tiempo. En un desencuentro en un tren hacia Madrid en el que Oliver se ve atrapado en varios sentidos, un periodista al que no le veremos jamás el rostro, le hace recordar “el momento en que perdió la inocencia”. La anécdota que Oliver cuenta lo hace lucir como alguien que provocó esa pérdida de inocencia o como alguien que simplemente la sufrió.

Entramos entonces a una historia en la que Oliver puede ser visto de la misma forma pero con una víctima nueva y para muchos, prohibida: Aurora (Ivana Baquero), su media hermana.

Surgiendo de un discurso visual opresor, vigilante al extremo de sus personajes (el close up y quizá los medium shots son los planos dominantes de su película), Aguilera nos presenta a un objeto de deseo que atrae por completo la atención de Oliver y que nos hace ver que ese objeto del deseo lo ha sido para alguien más y lo puede ser de todo el mundo (¿nosotros incluidos?): un video porno de su media hermana está colgado en la red y él se decide a acercarse a ella para ¿experimentar?, ¿satisfacer su morbo?, ¿malabarear con sus fetiches?, ¿provocar LA pérdida de la inocencia de la chica?, ¿saldar viejas cuentas?

Una cámara escondida, el incesto, el deseo y lo prohibido, el deseo por lo prohibido desatan entre Oliver y Aurora una atracción mutua que después se vuelve un canal de desahogo de fetiches y ejercicios sexuales que, mirando directamente a Sexo, mentiras y video (EUA, 1989), nos presentan las debilidades y las oscuridades de Oliver y las preguntas no menos cargadas de deseo de más experiencias de Aurora, quien acepta tácitamente ser dominada a través del video y los cables de Oliver (que de esa manera tiene una presencia permanente en casa de ella) quien al mismo tiempo manipula las imágenes registradas de Aurora para someterla: es también el juego de al amo y el esclavo.

Por supuesto la reacción no se hace esperar y una sociedad igualmente controladora se siente ofendida y atacada cuando lo que considera debe estar oculto, se manifiesta a los cuatro puntos cardinales como, asumimos, un canal más de gozo sexual.

Hasta ahora e incluso con su epílogo la película parece buscar una crítica a esa sociedad conservadora a la que indirectamente llama caníbal y a la que muestra a través de los ojos de Aurora como un catálogo de la doble moral. Desafortunadamente, en el viraje a esa crítica Demonios tus ojos pierde fuerza y enfoque y descuida el poder que debe lanzar a favor (porque parece que está a favor) del disfrute por el disfrute que el alma negra de Oliver puede desatar.

Desechemos la obviedad de su cierre y de su cita cinematográfica. Recordemos que, en parte, esta historia es una de pérdida de la inocencia. Perder la inocencia en una sociedad como la nuestra debe ser -y parece que para Aurora lo es- un acto de gozo, amoral, sin ataduras ni límites. Traigamos de nuevo la actitud venenosa de Oliver, el manipulador de humanos a través de los pixeles de sus monitores. Preguntemos ¿Aurora fue dolorosa pero jovialmente liberada?, ¿se han expandido sus límites gracias al encuentro con un ser portador de “verdades que asustan”? Al parecer sí. Sin embargo, el apunte crítico que la película sugiere en su segunda mitad no acaba de aterrizar, no termina por explotar, no deja de ser un poco pólvora encendida en la oscuridad. No tiene la crudeza moral de su hermana mayor, Sexo, mentiras y video, ni de su prima El video de Benny (Austria-Suiza, 1992). Tampoco se decide a lanzar un plan mundial de libertades sin margen como sí lo hace y de forma espectacular Professor Marston and the Wonder Women (EUA, 2017).

¿Maliciosa? Los suficiente para poder entrar al juego dominante de Oliver, pero no para detectar el placer del juego sumiso de Aurora.

 

FICM 2017 7. Zama.
Don Diego de Zama es un oficial español del siglo XVII atorado en Asunción y que busca su transferencia a Buenos Aires. Zama intenta ser un dardo mortal a las pretensiones de los oficiales y de los colonizadores españoles que buscaban replicar en América los modos de vida europeos y que aquí son retratados con algo de saña, exhibiendo bastante de su decadencia y muy poco de su pompa. Zama podría ser a partir de ello una exhibición de los aires de grandeza de la burguesía que busca siempre el “ascenso” social aunque ello represente enormes sacrificios. Zama pudo ser un laberinto mortal que retrata lo bajo y lo mundano de las colonia españolas en Sud América.

Pero no. Teniendo tantas oportunidades como minutos (largos) tiene la película, Lucrecia Martel se embarca en el seguimiento de un personaje acomplejado (con el que Daniel Giménez Cacho batalla de manera sensacional, eso sí) y débil, al que hunde en divagaciones que, por ejemplo sí ejercita poderosamente Cabeza de Vaca (México-España-Reino Unido-EUA, 1991) en su viaje iniciático a las nuevas culturas y a las geografías fantasmales del mundo recién descubierto, pero que aquí se vuelven sin sentidos premeditados que pretenden mostrarnos el poder del corte pero que evidencia más desgano que experimentación, más desunión que discurso visual radical.

Zama quiere ser febril en los deseos no cumplidos de su traslado, en su maldición de no poder estar a gusto no importa dónde esté. Quiere comunicar con artificios obscenos y pretenciosos (ese tercio superior de la pantalla, permanentemente ocupado por bloques visuales que al final ni oprimen, ni modifican el discurso ni evolucionan en nada), con paisajes que le deben cada milímetro al cine (ese sí) reflexivo, encriptado y rompedor de Tarkovski (elijan ustedes su película favorita), pero que aquí se alejan por un callejón que quiere ser místico pero que no es otra cosa que la búsqueda de la búsqueda, una redundancia formal que huye despavorida de un fondo inexistente y que en consecuencia se vuelve uno más de los fantasmas que acosan a Zama, el personaje.

El algún momento el diseño de audio parece que nos dirá algo, bastante de la pesadilla previa a la muerte en la que podría estar este personaje perdedor y desilusionado: rechinidos, aullidos, ese niño muerto que parece aterrizará este (muy premeditado, muy pensado, muy prefabricado) disparate cósmico que ni siquiera busca esconder su rebaba. Pero no.

En sus rebotes entre ese Cabeza de Vaca, el Tarkovski y una de sus asimilaciones más sólidas como lo es El renacido (Hong Kong-Taimwán-EUA, 2015) -sigamos hablando de viajes místicos en geografías demandantes-, Zama se deja caer rendida y nos lleva a nosotros entre sus esfuerzos, a veces recortados en bellísimos encuadres, pero esfuerzos a final de cuentas.

CONOCE MÁS. Este es el segundo cojunto de críticas que Erick Estrada nos envío desde el FICM.

CONOCE MÁS. Este es el tercer conjunto de críticas que Erick Estrada nos envió desde el FICM.

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