FICM 2017 – 1. Del México boscoso a la Rusia nevada.

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FICM 2017 1
Del México boscoso a la Rusia nevada


Por Erick Estrada

Cinegarage

Enviado

FICM 2017  1. Casa Caracol
Una película insistente en rostros, que busca y conserva sus close ups con un celo extraño, que parece incluso reprimir la profundidad de campo por alguna razón que tendremos que descubrir igual que tenemos que descubrir el significado de esa primera secuencia, la de una mujer atada, aislada, en desesperación y angustia.

Esas razones, si bien son descubiertas y son incluso compartidas, están rodeadas de una vaguedad que en el despistado avance de un guión que además tarda bastante en descubrirse se vuelve redundante, la redundancia de una anécdota perdida en una película que no se decide a contarla de una vez por todas.

Un escarceo prolongado en el que conocemos las soledades de la mujer a la que sabemos alguien va a atar y a encerrar, y que va de cama en cama hasta que en un escape de la ciudad y sus orillas filosas, la lleva a una jungla de montaña rodeada de esculturas surrealistas y probablemente demasiado amables para servir de marco a una tragedia que hará del escape una prisión.

Casa Caracol nos obliga a descubrir y esa obligación se vuelve una carga pesada y amorfa pues sabiendo que tenemos que llegar de nuevo al punto de inicio, nos damos cuenta que esa carga a final de cuentas ha servido para poco y sabe a adorno innecesario, a escenografía vacía. La película nos descubre finalmente una anécdota vital y trágica pero en ese movimiento de desmarque se siente impostada con respecto a todo lo que hemos visto antes, se ve la fractura, se detecta la grieta y ante ojos poco experimentados (o quizá ante los que más lo están) pareciera que se ven dos películas por el precio de una.

Es hasta esta segunda mitad que los close ups de peso y sin escape toman forma y arman un discurso vago pero reconocible. Es hasta esta segunda mitad que nos daremos cuenta que el escape se convierte en prisión y que Casa Caracol puede ser o podría haber sido (de decidirse con mayor riesgo y coraje) un viaje sumergido a un país en el que la gente, hundida en violencia gratuita muchas veces en juego con las mafias y la delincuencia, ha dejado de reconocer a sus autoridades para temer y desconfiar de todas ellas, reconocibles más por sus mañas que por sus logros, antes por las prótesis que les permiten seguir caminando con trabajos cada vez más grandes, que por los rostros que deberían ser denunciados.

Casa Caracol cuenta una historia que sólo puede ocurrir en México, cierto. Contada en un ambiente menos percudido, menos tenebroso que el de este país, la mujer sometida y vejada habría conseguido justicia o venganza. Aquí no, son las historias del México que nunca gana porque ya no se puede ganar.

Ahí es donde compartimos la depresión y la sumisión de una heroína derrotada, engañada y espantada. Ahí el premeditadamente restringido discurso visual de la película adquiere sentido y algo de fuerza. Desafortunadamente esa fuerza se manifiesta casi tácitamente, como si hubiese escapado de la cabaña en la que la tenían secuestrada, y como todo escape llega quizá al último minuto, quizá un minuto demasiado tarde.

 

FICM 2017 1. Loveless
Sin amor. Como en la mejor tradición del neo realismo italiano (pero sin ninguna otra de sus características), Loveless recoge a nuestro personaje central de entre una multitud. La cámara espera en un espacio gigantesco que tras unos segundos de desconcierto se convierte en un patio de escuela lleno de niños ansiosos por llegar a casa excepto, claro, el niño al que seguiremos secuencia a secuencia cada vez más convertido en un fantasma al que todos conocen pero al que paradójicamente nadie quiere ver.

Loveless es la historia del niño no deseado, uno para el que ni siquiera hubo leche para amamantarlo, atrapado en el amargo divorcio de sus padres, dos personas que inexplicablemente vivieron juntas el tiempo suficiente para hacer de su hijo una persona conciente, por lo menos, de no querer vivir en medio de esas disputas: una mañana, con pretexto de ir a la escuela en la que lo conocimos, escapa y desaparece.

Hasta ahora la cámara de Mikhail Krichman en esta feroz propuesta del viejo conocido Andrey Zvyaginstev (Leviathan), ha explorado casi lejana las relaciones entre estos personajes, las ligas que han sobrevivido a su atormentada relación. A partir de ahora no cambiará y será incluso parca en sus detalles, pero no por ello dejará de ser generosa en información, información que llega gracias al recorrido que sus personajes (los padres del niño y sus respectivas nuevas parejas) hacen de sus encuadres, dejándonos saber, como si espiáramos para comprobar su bajeza moral, que han dejado todo atrás, que buscan seguir con su vida y que su hijo es un obstáculo y no un interés: ninguno de los padres quiere hacerse cargo de él, ninguno de hecho, quiso al hijo en primera instancia, es el hijo no deseado para el que nunca hubo leche para amamantarlo.

En las investigaciones que se desatan tras la desaparición y que espía con ojos entrecerrados a esta pareja, un policía lanza una sentencia que incubará en nuestro inconciente para explotar con la precisión del mejor de los terroristas: “muchas veces los padres matan a sus hijos para después declararlos perdidos”.

La pareja no reacciona, no se inmuta y piden seguir la búsqueda. La cámara no cambia, mantiene el ojo entrecerrado, levantando sospechas grises entre quienes vemos que por un lado tenemos a una mujer fría y vacía, ególatra y deshumanizada que vive más el mundo virtual que el real; que por otro lado tenemos a la definición misma del perdedor a quien no le importa su hijo, encontrarlo, perderlo, siempre y cuando no pierda la comodidad de su trabajo; que por el otro está una mujer hambrienta de cariño dispuesta a repetir el papel de la primera y un hombre que alimenta su ego en la conquista de la mujer más joven.

Todos llevan una vida doble, de pose ante los demás, de vacío, insustancial y el espionaje de la cámara de Loveless las delinea con figuras reflejadas en los espejos, con paseos por los interiores que parecen cualquier interior, con situaciones que saben mecánicas, prefabricadas.

Todo parece parte de un plan y la idea que incuba en la cabeza ruge desde el diseño sonoro de la película para atormentarnos con la indefinición de lo que ha ocurrido con ese hijo: máquinas que lanzan rumores, aves que vuelan amenazantes, chirridos, mecanismos que se distinguen entre su propio eco. Un juego de ruidos y sonidos que sumados a la exploración casi temerosa, casi punzante de la cámara, solidifica todo en un lenguaje venenoso, de pus moral, de desenfreno del ego: ¿quiere alguno de estos personajes encontrar al hijo no deseado?

Antes que responder Loveless nos pide vivir en duda, porque el discurso no ha terminado.

La búsqueda continúa pero al llevarnos a escenarios más descarnados, subiendo el tono de su diseño sonoro, la película busca a estos seres vacíos y egoístas antes que al niño al que vimos desaparecer. Los nuevos escenarios reflejan más ese interior que el deseo del reencuentro. Navegamos ya con la cámara en piscinas resecas de escaleras oxidadas, casas sin techo, edificios rotos. Confirmamos ahí que antes que encontrar al hijo cada uno de estos personajes quiere seguir su “nueva” vida, negar a la muerte que les explota en la cara en medio de una morgue que chorrea ocre por las paredes y que ahí dispara entre nuestra cejas la mayor pregunta de la historia y que redobla la sentencia del policía: ¿es la desaparición del niño una muerte en más de un sentido menos el real? ¿Hay responsabilidad moral de parte de los padres, es decir, ellos lo “mataron”? ¿Alguna vez se resolverá el misterio?

Porque lo que queda claro es que Loveless es, muy en la figura, el retrato de una Rusia que se ahoga en aspiraciones ultra capitalistas vacías y enemigas del humanismo, propulsoras del ego y amantes del presente. Dibuja a esa Rusia que se mata a sí misma, que probablemente mata a sus hijos y que se engaña diciéndose a sí misma que corre hacia el futuro aunque en realidad lo haga en una caminadora eléctrica.

Al final, un árbol nevado, el mismo en el que un niño ahora perdido se detuvo para no llegar a su casa. El mismo en el que levantó un listón policial que ahora, mecido por el viento, es otra figura aún más fuerte: es la alarma que todos ignoraron aún siendo obvia.

 

FICM 2017 1. Beatriz at Dinner
Un elemento extraño desbalancea una típica cena de negocios en la California de los negocios: Beatriz, inmigrante y “sanadora” tiene que quedarse en la cena incluso cuando veladamente nadie, ni siquiera a quienes ha sanado, quieren que lo haga.

Parca en su discurso, turbia en el manejo de sus personajes, probablemente indecisa de sus acusaciones y de la crítica que lanza, Beatriz at Dinner deja a esta sanadora migrante mexicana compartiendo mesa con las esferas más altas y conservadoras de los Estados Unidos aparentemente más de vanguardia y ahí la promesa ilusiona, el choque y la confrontación se prometen en el horizonte de una probable borrachera, pero en muy pocas secuencias todo se enrarece y se retuerce, no tanto por la honestidad de quien pide a Beatriz quedarse a la cena (una especie de dueños light que aparentan preocuparse más por corrección que de forma honesta), una honestidad o falsa honestidad que nunca veremos desenmascarada, sino por la ambigüedad del dibujo que quiere regalar de Beatriz, el de una revolucionaria que llega desde el new age, o el de una curandera agobiada por un día a día que no puede controlar y que es, desafortunadamente, como parece verla este círculo de impresentables que, como sí reclama Beatriz en uno de los distintos duelos verbales que nos regala la película, basan el disfrute de su vida en el sufrimiento de alguien más.

Beatriz, con falta de tino, es eso y muchas cosas más, el esqueleto que nadie quiere sacar del clóset, la conciencia sorda que impide el sueño de los magnates ecocidas, la mujer amorosa que pasa a veces como tía loca otras como tía sabia, y la película la persigue en una autopista que amenaza con descarrilarnos con la entrada de cada nueva secuencia. Por un lado estamos ante una película que nos hace sospechar que entiende que lo económico, lo social y lo ecológico están ligados más de lo que sabemos. Pero por el otro es también una historia que da voz al magnate que justifica el disfrute que consigue no en el no sufrimiento de los demás sino en la evasión del propio, una voz que así, suelta en la casona del barrio exclusivo donde todo ocurre, suena desligada, fuera de lugar. ¿A quién quiere Arteta que escuchemos? ¿A todos o a nadie?

En la desventura casi alcoholizada de Beatriz, que divaga en la casa como un fantasma que nunca espanta en realidad (nunca gana ninguno de sus duelos verbales pero tampoco pierde uno solo), escuchar a todos no es posible no sólo porque significaría una evasión casi cobarde del compromiso de la película con ella misma (todo independiente de las actuaciones de Salma Hayek y John Lithgow) sino porque parece evadir también ese toque final con la aparición de un momento Alfonsina injustificado, prefabricado y prescindible, presente sólo para deshacerse de esta historia y nunca para concluírla en realidad.

¿Beatriz gana o pierde con esa secuencia final? No lo sabremos, la película no quiere que lo hagamos. Demasiado new age en una sola historia.

 

FICM 2017 1. Una verdad incómoda 2
El glaciar que explota. Las predicciones que se hacen realidad. Los números que desde el documental pasado dan lugar al retrato de los hechos. La ciencia ficción que elimina la ficción y con ciencia nos dice que no hay vuelta atrás. Al Gore, encarrilado en su guerra contra un enemigo hecho de muchos enemigos, lanza una serie de ideas nuevas que si bien esperanzan mucho más que Una verdad incómoda, también dejan claro que el camino está lejos de terminar.

Es por ello que se agradece que escapando de las gráficas y los números esta secuela vaya a los hechos, a las ciudades que se inundan, a la solución que no es solución (“elevaremos las calles de Miami 30 centímetros” dicen ingenuamente las autoridades de la ciudad en una conversación con Al Gore en medio de escenarios absurdos).

Es por ello que ahora el discurso convoque a la reflexión alrededor de la pobreza universal y de sus vínculos con el calentamiento global y de la indecisión surgida de la avaricia de generar riqueza solucionando el calentamiento global, del ataque necio a las nuevas tecnologías.

Es por ello que Gore aquí regala ideas y pensamientos alrededor de las nuevas guerras del agua en uno de sus mejores segmentos, el que une el cambio del clima, las altas temperaturas, lo impredecible del comportamiento nuevo del agua, a guerras civiles y desplazamientos humanos de alto impacto económico. Las noticias de todos los días con sólo la mitad de la información

Es por ello que angustia como nunca antes pensar o imaginar que esta lucha es la de la ciencia en contra de la ignorancia, la del futuro de todos en contra del bienestar de algunos.

Una verdad incómoda 2 es una magnífica secuela documental, que esperanza más que su predecesora, pero que lanza el inquietante mensaje de que falta mucho y faltan muchos para arreglar el desperfecto en el que vivimos, una pelea entre un nuevo sistema económico y político en contra del viejo, entre las costumbres cómodas y a modo en las que vivimos y los pequeños sacrificios que debimos iniciar hace bastante.

Una pelea. Solucionar el cambio climático es una pelea.

CONOCE MÁS. Esta es la programación completa del FICM 2017.

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