Vive por mí. Crítica. Película de la semana.

0

Vive por mí
A podar
Por Erick Estrada
Cinegarage

Almodóvar es muy sutil cuando se inspira. Y Almodóvar es muy escandaloso cuando se excita. Desde que dio un vuelco a su carrera con la creación de Todo sobre mi madre (España, 1999) se acostumbró -en esos momentos de inspiración- a lanzar mensajes y reflexiones igualmente importantes para la España que estaba a punto de entrar al siglo XXI, como lo eran los temas de sus años afortunados en películas “más escandalosas” vinculadas más a “La Movida” que al cambio del siglo en su país. En esa película y posteriormente y de manera más clara en Hable con ella (2002) entre muchas ideas y muchos discursos Almodóvar injertó un mensaje y un llamado a la donación de órganos siempre tan necesaria, un injerto tan sutil y tan elegante que sus las discusiones de estas películas de manera casi inevitable llegan al mensaje, que ahí, en la discusión, se reprocesa y se actualiza.

Vive por mí, de Chema de la Peña (estupenda y “escandalosa” Isi/Disi – Amor a lo bestia) tiene de manera extraña e incómoda esa parte, mínimamente manifiesta pero soportada por un reparto comprometido. Pero también deja ver el otro lado, el que Almodóvar domesticó para poder narrar bien sus historias en estas dos películas. Es decir, hay una parte escandalosa en Vive por mí que opaca y distrae de la meta que la película busca y que no es otra sino la de generar reflexión y acción alrededor de la donación de órganos humanos en vida.

Entrando demasiado pronto y con un montaje muy diferente al que usa cerca de su conclusión (suspicacias), en medio de un torrente de personajes que después de varios tirones (esa madre insoportablemente gratuita y gratuitamente insoportable) terminan unidos en una clínica en espera de un trasplante de riñón, la película parece querer explorar primero las motivaciones que debemos tener para donar pero, también muy pronto, nos quiere hacer pensar (o por lo menos eso parece) en las obsesiones en las que podrían caer quienes esperan recibir un órgano.

Aceptando las buenas intenciones de la película, compartiendo la importancia del tema, Vive por mí parece asentar su discurso justo después de la agitada y larga introducción que nos recetó, auxiliada por el trabajo de su reparto que hace ver más que creíble a Martha Higareda, dejando resaltar las enormes tablas de Tiaré Scanda y de Juan Manuel Bernal pero que, desafortunadamente, juega muy temprano con el personaje más conocido de Tenoch Huerta desperdiciando al Tenoch Huerta actor sólo para empalmarlo (en más de un sentido) con la famosa madre incómoda (en más de un sentido) llevada al extremo por Margarita Rosa de Francisco.

De nuevo, dos caras opuestas en la misma narración.

El precio lo paga quien menos debería hacerlo: la idea, el mensaje. Podar una película, despejar personajes innecesarios e inexplicables debe ser doloroso pero ese dolor existe en beneficio del discurso final, especialmente si lo que se busca es una reflexión dura como la que consigue Almodóvar en las dos películas citadas. Vive por mí prefiere la anestesia y el malabareo y extra a un par de historias que revolotean sin sentido ni profundidad suma las ideas tanto de la religión como de la superstición en una anécdota que debería precisamente despojarse de ello para hacer tomar la decisión fundada y consciente (humana y por ello científica, ideas que no se contraponen) de la donación de órganos. La inspiración está ahí, camina debajo de tanta paja, de tantas ramas que no deberían haber pasado el filtro final pero que al perderse (la inspiración), deja ver que el trabajo de los tres guionistas se parece más a una disputa por el primer plano que a la cuerda que se trenza para sumar fuerza.

La situación se agrava cuando esos elementos detonan aquí (inconscientemente, estoy seguro) dudas sobre la calidad humana no de quien dona sino de quien recibe la donación, no de quien ha decidido “vivir en alguien” sino de quien parece querer vivir a costa de. ¿Endurecer y convertir a uno de los posibles receptores de órgano (Ana-Martha Higareda) era necesario para mostrar su desesperación? Si el fin era llegar al fondo de esa desesperación habría sido una idea válida y arriesgada, pero la cinta decide dejarla ahí, como un fuego artificial más que se suma a lo que debió podarse.

Vive por mí, afortunadamente, cierra con mediana fuerza un mensaje que puede curar algunos de sus errores: al final, los nexos entre todos nosotros son más directos de lo que pensamos. Se trata de un mensaje que efectivamente refuerza la idea y la fundamentación de la donación, de su importancia. Pero en medio de todo lo que hay, es un mensaje que puede pasar de largo o que puede empañarse tras los pecadillos que ejercita la película incluso con el nombre de la misma: ya en la conclusión, ya con personajes que parecen pagar moralinamente sus fallos parecería que el “Vive por mí” es una especie de llamado al “yo no merezco esto, usa mi órgano” en lugar de un llamado a la entrega desinteresada detrás de la donación misma.

Podar, podar era importante.

Vive por mí
(México-España, 2016)
Dirige: Chema de la Peña
Actúan: Martha Higareda, Tiaré Scanda, Rafael Inclán, Juan Manuel Bernal
Guión: Juanma Romero Gárriz, Enrique Urbizu, Chema de la Peña
Fotografía: Alberto Anaya Adalid
Duración: 105 min.

CONOCE MÁS. Esta es la videocrítica de Erick Estrada a Cásese quien pueda, protagonizada por Martha Higareda.

CONOCE MÁs: Esta es la crítica de Erick Estrada a Mariachi gringo, protagonizada por Martha Higareda.

CONOCE MÁS. Esta es la crítica de Erick Estrada a Todos queremos a alguien, en la que actúa Tiaré Scanda.

CONOCE MÁS. Esta es la entrevista que Evaristo Corona y Erick Estrada le hicieron a Rafael Inclán.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *