La morgue, crítica. Película de la semana

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La morgue
La autopsia de Jane Doe
Por Erick Estrada
Cinegarage

La historia de Jane Doe no puede ser contada, debe sentirse en la piel.

El cadáver de Jane Doe llega a la morgue y aquellos encargados de hablar con los muertos, un padre que ha heredado el oficio de forense y un hijo que cree que lo ha aprendido todo y está listo para partir, se dan cuenta que Jane Doe, viva o muerta, no podría haber contado su historia. El secreto que guarda tendrá que ser desenterrado, como ella, de otra forma.

Al comienzo de su película, André Ørvedal (a quien conocimos a través de la no menos intrigante Trollhunter) dibuja una ruta clara que nos lleva a encontrarnos con Jane Doe (“Juana Pérez”, el “nombre” de las desconocidas) en tono policiaco que al ser trasladado a la morgue familiar abona ciencia a una película que, sin embargo, en los zumbidos de los focos, en los reflejos de los espejos (esos míticos monitores de y a otro mundo), en los chirridos de una casa que ha visto más de lo que podemos detectar, se orilla paso a paso a los terrenos de lo sobrenatural.

Hablar con los muertos. Lo que los forenses hacen día a día, hora a hora, se convierte de repente en una especie de pequeño guiñol en el que la investigación policiaca nutrida y cimentada en la ciencia médica, se cruza en el pasillo con esos susurros en la noche (ese espejo de esquina, ojo de pescado a y de las almas sin descanso que han desfilado por esta morgue, el espejo silencioso en la oficina del padre), que es más del mundo de las brujas y de los demonios no satánicos. La ciencia y la superstición, paso a paso -con una tormenta eléctrica que aplica el cliché pero que lo mantiene en el corrall, sutil hasta donde es posible- se ven a los ojos y comienzan el diálogo que Ørvedal quiere que enfoquemos.

En el desentramado de los secretos de un cadáver, con un tono que pasa con sigilo de pantera de un thriller pueblerino al terror fantasmal de aromas dulces y nostálgicos, con secuencias que nos regresan incluso a algo de las películas de terror menos americanas, La morgue arroja humos más profundos.

Las leyendas de brujas, persecusiones y supersticiones se atan a los datos que a estos forenses les hablan de redes de prostitución, de explotación y de abusos sobre ésta (las) mujer(es) y desde ahí resbala por las rendijas forzadas de esta narración casi diminuta, tenebrosa (el cine de terror se alimenta de tenebras) para hablarnos sí, de la vieja idea de la brujería aplicada al sometimiento femenino, pero de algo todavía más visceral.

Sin detenerse en detalles o incluso sin profundizar la denuncia del hecho histórico de un género sometido al otro (el femenino debajo del masculino) y del que sus forenses están concientes, la película vira de nuevo a la oscuridad y nos lleva entonces al terreno de la película de venganza en la que Jane Doe -que angustiosamente sigue en la plancha de la morge- es todas las mujeres: de ahí su silencio forzado (el natural y el sobrenatural), de ahí su anonimato, pero de ahí las marcas que comienza a dejar en una casa que ahora parece embrujada y llena de sombras.

En este cuento de horror mucho más cercano a los espíritus novelescos de Stephen King que al cine de terror barato Ørvedal deja ver en su venganza de género (Escupiré sobre tu tumba es una mejor referencia que cualquier otro cadáver ambulante que se les ocurra) una pesadilla que nos obliga como sociedad (hombres y mujeres) a sentir y vivir lo que otros (y en particular otras) han vivido y sentido… Y Jane Doe, el cadáver silencioso que llena de información la morgue a través de sus heridas, quiere que ellos sientan lo que ella sintió.

El giro final es definitivo pero afortunadamente no es obvio y aquí, a pesar de todo, habrá cientos de malas interpretaciones. En este cuento de terror templado, fino, a veces sutil, estilizado sólo en lo necesario, plantado y vigoroso, Ørvedal dibuja una pesadilla de género que silenciada a la fuerza debe contarse como lo que fue, como una pesadilla, una y otra vez hasta que el mensaje sea descifrado, hasta que la tribuna quede satisfecha.

Ahí donde falló The Lazarus Effect (EUA, 2015) Jane Doe deja claro que no es la mensajera sobrenatural que en su histeria se convirtió en “el monstruo que los hombres querían evitar”, sino el sofisticado sobre con un mensaje que tendrá copias infinitas hasta que aprendamos a descifarlo y después, a ejercitarlo, hombres y mujeres por igual.

La historia de Jane Doe no puede ser contada, debe sentirse en la piel.

La morgue
(The Autopsy of Jane Doe, Reino Unido, 2016)
Dirige: Andre Øvredal
Actúan: Emile Hirsch, Brian Cox, Ophelia Lovibond, Michael McElhatton
Guión: Ian B. Goldberg, Richard Naing
Fotografía: Roman Osin
Duración: 99 min.

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