La La Land, crítica. Película de la semana

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La La Land
Los dos amores de Chazele
Por Erick Estrada
Cinegarage

La La Land es un prodigio de concepción y de desarrollo, especialmente el técnico, alimentado con todo aquello que muchos comienzan a rechazar y a descalificar: los clichés, las viejas modas, las herramientas manuales del cine que sin embargo demuestran cada día y de manera casi invisible, su peso y su trascendencia. Es decir, se trata de un riesgo monumental que Damien Chazelle sortea con la destreza del enamorado: por un lado del jazz (la pasión de su protagonista masculino) y por el otro del cine (la pasión de su protagonista femenina).

Chazelle sale victorioso del reto con las ventajas de las nuevas tecnologías pero también conociendo los viejos instructivos, tanto y tan viejos que la sinopsis de esta película es prácticamente igual (y presentada quizá con demasiada insistencia en la narración) a la de Casablanca (EUA, 1942). No por nada el fantasma de Ingrid Bergman (presentada en gigantescos close ups en las escenografías de este musical que amenazaba con más canciones de las que presenta en realidad, afortunadamente) acosa con insistencia florida a los close ups de Emma Stone que zoom tras zoom, clímax de escena tras clímax de escena, inundan el gran Cinemascope de La La Land con las luces de su mirada y de su frescura. No exagero.

Y en medio del oropeleado discurso maquillado con la magia indispensable en los musicales, la mano de un director que enmarca en jazz su propia destreza narrativa. Escenas estupendamente montadas que circulan y se replican con un ritmo a veces envidiable y otras cautivador (las presentaciones de sus dos personajes son prácticamente idénticas en duración, ritmo y montaje, sería un lujo verlas simultáneamente) y que en un juego de montaje soberano reducido pero potente monta su escena climática de la misma forma en que lo hizo con aquella que enfrenta por primera vez a esos dos personajes, sólo que en situaciones no diferentes sino contrarias. Estupendo.

Está también la destreza visual que comunica -y esto es sólo un ejemplo- la frivolidad, la frialdad, la violencia de una ciudad como Los Angeles en su vertiente “Meca del cine”, con una escena en la que Emma Stone después de ser rechazada de un casting se ve replicada por una serie interminable de pelirrojas vestidas igual que ella (¿todas fueron al casting?, ¿todas tienen que ser iguales para conseguir trabajo?, ¿alguien, público incluído, las quiere a todas iguales?, ¿las vemos a todas iguales porque las películas son iguales?) aunque ella porta una desgraciada pero premonitoria mancha gigante de café en su camisa.

Entre las teclas de piano de la película y que son las secuencias de coreografía literal y visual enloquecida para las que se disfrazan los cortes con soltura pero también con recursos de toda la vida (tendríamos que averiguar si el plano inicial es en realidad un plano secuencia o no), están también varios detalles que magnifican el discurso (no debe ser casualidad que el carro con casetera de nuestro enamorado sea un clásico con vestiduras de cuero) y que hacen relucir la coreografía visual de la película, su ritmo al interior del encuadre, su enamoramiento de estas herramientas.

Y en ello, sumado al rostro de Emma Stone que devora al mismo Cinemascope donde Los Angeles luce más que atractiva (pero nunca de forma abusiva), al lado de las secuencias de piano de Gosling, aclasicado y también fresco, sorteando perfectamente los tropiezos de la película (es forzado que las peleas se produzcan con temas como los que nos presentan aquí, es forzada la inclusión de un par de números musicales, el final se anuncia redundantemete en un juego entre el “Play It Again Sam” y la memoria de esa Ingrid Bergan omipresente sustituída maliciosamente por un espectacular que en su lugar acomoda el rostro de Stone) está quien probablemente sea la verdadera homenajeada de la película extra a Casablanca: la ciudad de Los Angeles, sus observatorio Griffith, sus parques, su paisaje retrofuturista, las torres Watts y su centro mal comprendido.

El nombre es para ella y al parecer la película, que recoge (algo melosamente… o mucho) sus sueños, rotos o consumados, también lo es.

La La Land
(EUA, 2016)
Dirige: Damien Chazelle
Actúan: Emma Stone, Ryan Gosling, J. K. Simons, Finn Wittrock
Guión: Damien Chazelle
Fotografía: Linus Sandgren
Duración: 128 min.

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