Max Steel, crítica

0

Max Steel
El héroe a medias
Por Erick Estrada
Cinegarage

Max Steel no pudo estrenarse en un momento menos afortunado. Pretendiendo contar el origen de un hombre de acción siguiendo los funestos pasos de películas que extraen su historia de juguetes famosos, tropieza de manera completamente involuntaria con otro estreno, realizado a través de Netflix, llamado Trollhunters, creado y escrito por Guillermo del Toro para un público excusivamente infantil.

Las razones de la comparación, surgen más por la necesidad que por la lógica. Si hemos de seguir atrapados en el ciclo de los juguetes que se convierten en héroes de película deberíamos por lo menos dotarlos de una motivación menos personal (y en consecuencia menos vengativa) que la que presenta con una narrativa apresurada la película de Stewart Hendler escrita por Christopher Yost, preocupantemente responsable del guión de Thor: Ragnarok. Es decir, era necesario elaborar en este supuesto origen un discurso que buscara hablar menos complacientemente para atraer a todo el público posible y se dirigiera más a su público real, el infantil que aún juega con el hombre de acción y no la audiencia adulta que alguna vez lo hizo.

Desde esa óptica, y dejando de lado las facilidades monstruosas que se toma el guión, sobra el conflicto familiar planteado en Max Steel así como la conspiración en su contra que por un lado se anuncia demasiado pronto y por el otro, no se desarrolla con la profundidad que en realidad ameritan audiencias adultas si es que, de nuevo, la película quiere hablar a todo mundo.

Como está, con un interés romántico planteado y manejado casi con desinterés, prácticamente renegando de él (¿por qué Max tiene que tropezar con la chica en cuestión para después, siempre, salir huyendo?), con una pieza de tecnología incapaz de describirse a sí misma y en consecuencia incapaz de demostrar su verdadera utilidad más allá de proveer la famosa armadura, Max Steel demuestra una falta de interés absoluta hacia los públicos a los que debería dirigirse de manera directa. Sumen a ello el famoso destino que ha traído a este chico de regreso a donde su propia familia no quería volver para descubrir un secreto que nunca debió ser secreto y descubrirán el mar de inconsistencias que probablemente echan leña a la hoguera de una historia que carece de centro y en consecuencia de emociones y destellos.

Enfrente, en Trollhunters, un chico que entra a la adolescencia se encuentra ante una misión que tiene que cumplir de manera involuntaria, también con un aditamento que le entrega una armadura pero que alrededor cuenta con un contexto más universal, más contemporáneo, mucho más de vanguardia, más libertario que el de un juguete que entre venganzas infantiloides se retuerce en misterios que parecen ideas repentinas para completar la duración de la película. Trollhunters (y la ventaja que le da narrar su historia en 13 episodios) alega contra el abuso escolar, a favor de la diferencia, a la aceptación de los miedos, a la explotación de los talentos propios, al trabajo en equipo, al perdón, a la camaradería, todo en un mundo con mucha más fantasía que es, precisamente, lo que le hace falta a Max Steel, fantasía y emoción, muchísima más fantasía y emoción.

El remate: diseñado para niños, Trollhunters es tan universal y honesta que el público adulto es atraído de manera natural a un espectáculo redondo, orgánico y además emocionante.

Max Steel
(EUA, 2016)
Dirige: Stewart Hendler
Actúan: Andy Garcia, Maria Bello, Ana Villafañe, Ben Winchell
Guión: Christopher Yost
Fotografía: Brett Pawlak
Duración: 92 min.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *