Sabrás qué hacer conmigo, crítica

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Sabrás qué hacer conmigo
Los escondites
Por Erick Estrada
Cinegarage

En una historia que a veces da la impresión de dar zancadas para salir de sus propios apuros, Sabrás qué hacer conmigo transita una línea que puede definirla o condenarla a la ruina. Caminar en la línea puede resultar temerario y propositivo siempre y cuando se sepa de qué lado se quiere caer en caso de que la línea se agite, pero cuando no, puede lanzar el mensaje equivocado.

La nueva película de Katina Medina Mora está armada a través de situaciones cotidianas, esas con las que poco a poco se descubre el perfil de las cosas y personas antes y mejor que con una confesión; situaciones cotidianas que, para nuestro grato desconcierto (algo que quizá busque la película), a veces son demasiado inconexas y otras lo suficientemente intrigantes para sumergirnos de nuevo en la historia de Nicolás e Isabel que tras tropezar uno con otro en un hospital (algo que ya nos dice algo de lo trágico de los personajes), comienzan a enredarse a veces a regañadientes, otras por necesidades probablemente patológicas.

Esta muy pequeña espiral de situaciones nos lleva de la presencia muchas veces trágica del uso de las drogas legales (la madre de Isabel vive en depresión casi permanente), a la necesidad de Nicolás de esconder su epilepsia y de ella de mantener su pasado en las sombras (de ahí que se encuentren en el hospital). Al final del tránsito, con los personajes asumidos, esas cápsulas explosivas amenazantes, cápsulas de situaciones casi límite, encierran a Isabel en el universo de dos enfermos que requieren cuidados delicados, los mismos que provocaron ese encuentro en el hospital.

Después está todo, las señales de la película que buscan algo de congruencia entre estas historias que están juntas sin que lleguemos a averiguar por qué: los retratos de la gente dormida (Isabel ve a su madre así casi todo el tiempo), las fotografías en la bañera, el poster de Azul profundo (Nicolás disfruta el buceo y la oportunidad que le da de aislarse). Está también la sugerencia de la fortaleza del personaje de Isabel, la de trascender las pérdidas a pesar del dolor. Pero está todo de manera demasiado transparente, sin sutilezas ni choques frontales, sin terremotos ni aguas calmas, en esa peligrosa línea en la que caminan estos personajes improbablemente juntos, sin que podamos decidir si Isabel realmente eligió a Nicolás sobre su madre (que desaparece sin aviso ni consecuencia), una línea que la película recorre sin saber de qué lado va a caer en caso de tambalear.

Porque tambalea. Sabrás qué hacer conmigo sabe un poco a resignación en su escueto y débil remate (es aparentemente una película expiatoria), a lección de supervivencia por un lado (“dime qué hacer cuando pase esto” le pregunta Isabel a Nicolás después de un ataque de epilepsia) y de sacrificio moral romantizado sin necesidad por el otro: ¿dejar ir? ¿aceptar la pérdida? ¿acomodar románticamente los recuerdos en un estante especial?

En apariencia no lo sabremos nunca y en este caso nos habría gustado hacerlo.

Sabrás qué hacer conmigo
(México, 2015)
Dirige: Katina Medina Mora
Actúan: Ilse Salas, Pablo Derqui, Rosa María Bianchi, Mariana Treviño
Guión: Emma Bertrán, Samara Ibrahim, Katina Medina Mora
Fotografía: Erwin Jaquez
Duración: 80 min.

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