El patio de mi casa, crítica

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El patio de mi casa
El espacio y el tiempo
Erick Estrada
Cinegarage

Al comienzo de este documental Carlos Hagerman lanza una pregunta cruel pero indispensable (y quizá cruel por indispensable): ¿Cómo se prepara uno para la muerte de los padres?

Desde ahí, la película adquiere un tono cálido. Alejándose de lo tétrico y depresivo que podría ofrecer la pregunta, Hagerman decide celebrar esa despedida dando pinceladas de la obra y trabajo de sus padres que poco a poco definen la figura de dos guerreros de trincheras ocultas. Por un lado, el amable rostro de su padre, el arquitecto Óscar, infatigable desarrollador de la silla perfecta y enamorado de los espacios y las construcciones alrededor de ellos, no importa que sean espacios entre humanos y puentes tendidos para unirlos. Por el otro, aparecen los ojos plenos de su madre, Doris, mencionados y con razón a lo largo y ancho de la película, educadora combativa y multifacética.

Él, reproduce su rostro amable desarrollado a lo largo de todos estos años dando luz a las habitaciones y los patios de las casas que diseña, dotándolas de una personalidad muy humana y universal. Ella, deja ver su alma agradecida por una educación privilegiada y una vida sin grandes complicaciones, devolviendo a través de historias y lecciones lo que esos ojos han visto a ojos más jóvenes: los de niños y niñas de comunidades rurales que así pueden preparar su mente para el mundo.

Ambos, juntos, a la vez, son una pareja en plácido reposo a la hora del desayuno, uno en el que la leche derramada no es una tragedia sino signo de vida; pero también son la resistencia a un sistema político y económico al que se oponen a través de acciones simples y elementales, de pasos cortos pero firmes: la defensa de la educación de quien sea y como sea, la arquitectura que debe respetar la naturaleza y domesticarse sólo para el espacio dentro de la casa que es, al mismo tiempo, el patio del título de la película y el espacio del reposo matinal, en la hamaca o en la mesa del desayuno.

En ellos está también la memoria de lo que han recorrido, resguardada para siempre en los super 8 de sus padres (abuelos de Carlos) y ahora por él en un documental combativo pero callado, entusiasta pero sereno, cálido y agradecido, jovial por un pasado lleno de entregas y experimentos.

La mirada de Hagerman es sí, una enamorada, porque es hijo de estas dos figuras y porque enamorados estamos todos del trabajo hecho por don Óscar y por doña Doris, cada uno en su trinchera, cada uno con alcances más largos de los que hemos detectado hasta ahora: las casas quedarán, las escuelas pensadas por Oscar seguirán alojando ojos sorprendidos por las historias y los experimentos de Doris, por su trinchera vilipendiada a veces más a veces menos por el sistema que cuestiona, como cuestiona la arquitectura rural de Óscar al plan vertical que dice que el futuro está en las ciudades.

En ese enamoramiento están los pequeños “errores” (vistos así, inevitables) de la película: la voz en off del hijo que pide información a manera de entrevista, la entrada directa de quien documenta.

Pero la mirada de Hagerman también es analítica: ¿qué vamos a hacer cuando ese rostro y esos ojos desaparezcan? ¿Son los únicos que hemos visto en nuestra vida? ¿No habrá, como ellos, otros combatientes y experimentadores? ¿Hagerman se despide de su padre y de su madre o es que este país ha perdido figuras determinantes, padres y madres, ahijados y amigos, y nos daremos cuenta muy tarde?.

Probablemente, lejos de la franca y comprensible declaración de amor de Carlos Hagerman a su familia y cerca de dejar clara la pelea por un espacio, un patio, una ciudad, un país y un planeta más justo y más en forma, El patio de mi casa nos pone a contar el tiempo que nos queda, primero para enterarnos que mucho del camino recorrido en este mundo ha sido el equivocado (de ahí que gente iluminada como estos dos personajes lo combatan a su manera) y que si bien cualquiera puede buscar corregirlo en distintos grados, los que se decidieron primero a hacerlo están partiendo.

El patio es un espacio domesticado de la naturaleza, dice Óscar convencido. El tiempo para comprdender la profundidad rebelde de esa declaración se nos está terminando.

El patio de mi casa
(México, 2015)
Dirige: Carlos Hagerman
Guión: Carlos Hagerman
Fotografía: Lorenzo Hagerman, Carlos Hagerman, Hatuey Viveros
Música: Javier Álvarez

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