Spectre, crítica. Película de la semana

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Spectre
La razón llega después de la pasión
Por Erick Estrada
Cinegarage

Después de la tormenta de pasiones desatada y galopante que Sam Mendes y Daniel Craig entregaron en Skyfall, en la que un desbordado Bond se enfrentaba a una némesis visceral e irrefrenable, ahora el mismo equipo equipo contraataca como se debe, saliendo de la esfera donde tienen todo controlado, desubicando a quien ve para poder empatar en la frialdad de quien vive una historia casi de fantasmas, en la que no sólo se hace referencia a prácticamente todas las películas que se han hecho del 007, sino a los vivos y los muertos que este Bond ha visto en su historia reciente.

Un (falso) plano secuencia inicial que presume a una Ciudad de México colorida y humeante. Un paganísimo Día de Muertos, manoseado para anunciarnos solamente que ellos, los muertos, están (y estarán) entre nosotros. Esa es la cortina que oculta la puerta que cruzará un James Bond ojeroso, con arrugas de dolor y cicatrices bajo el traje, al que todos le han dado la espalda y al que ya obligamos a resucitar una vez.

El tempo de la película es calmo, susurrante pero irritante a la vez, moviéndonos hacia esas películas de espías callados rodeados de paisajes áridos que evidenciaban que estaban hartos de todo.

Aquí Bond está harto. Lo hemos regresado de la muerte para pedirle lo mismo de siempre y él está a punto de sorprendernos.

Subrayando la ultra realidad de la película (exceptuando, repito, ese paganísimo Día de Muertos), están las secuencias de acción y de pelea, en las que es notorio primero la casi ausencia de música (quieren ser reales entre lo real), que aparece solamente en el último momento para ayudarnos a dar paso al siguiente capítulo. Y sin embargo, ese toque también ensordece, pareciera que las cicatrices de Bond son ya tan profundas que los rechinidos de las llantas en las persecusiones y las maderas que se rompen en las secuencias de pelea se callan y se mueven al segundo plano, incapaces de dañar ya a nuestro héroe de ojeras de dolor y dolores de un pasado que si bien ya se dejó ver tormentoso en la película anterior, aquí tomará un giro inesperado que desespera, que tortura en su control y frialdad (de hecho la secuencia de tortura es controladísima y gélida hasta en los colores).

Si Skyfall era el encuentro del origen maternal de Bond y el dolor de la pérdida de esos colores, Spectre voltea al lado paternal y calculador, en el que la némesis aparece más profunda, casi dentro de la sangre, en el cerebro, en la frialdad absoluta de un cerebro calculador y omnipresente, al alcance pero inaccesible.

Después de la pasión tenemos aquí a la película de Bond que nos lleva a la razón.

Y en una contradicción ágil, lo parco y seco de la primera parte de la película sirve de boya para no perder terreno frente a los movimientos que desde el guión y aterrizados por Mendes, transforman a este enfrentamiento del Bond exitoso con el Bond frustrado (la metáfora de los pájaros cucús es obvia pero muy efectiva y la secuencia con el famoso cristal de por medio también) en una especie de thriller psicológico en el que ya muy avanzada la película sabemos (o deberíamos saber) que estamos viajando dentro del cerebro de James Bond y no persiguiendo a un criminal: las persecuiones de hecho están unidas prácticamente con grandes elipsis. La némesis está cerca, siempre lo ha estado. De tan cerca sólo puede alimentarse de venganza.
Esos son lo motores de esta nueva aventura de tiempos apagados pero no por ello menos revolucionados. No hay acertijos, no hay discursos grandilocuentes, no hay un peligro mundial. La película describe la infiltración de un software que explotará y sacará ganancias del manejo indiscriminado de datos, pero también habla de los recuerdos de un hombre, información que ahora es utilizada para atormentarlo y hacerlo caer en contradicciones.

El dilema de la película está sí, en cómo y para qué derrotar una nueva conspiración criminal, pero también en si Bond será capaz de sobreponerse al ataque de memorias y razones, a la razón y las ganas de tomar venganza de quien a su vez se venga de él y; hacia nosotros, sobre si seremos capaces de dejar ir a este hombre a quien se le ha negado la felicidad y se le ha cruzado la cara con inumerables arrugas de dolor.

¿Fría? Sí, la película es fría, porque el pasado es frío y las memorias son frías. Y aquí de lo que se trata es de conocer las últimas memorias que James Bond había podido ocultar. Y también frías son las despedidas.

Spectre
(EUA-Reino Unido, 2015)
Dirige: Sam Mendes
Actúan: Daniel Craig, Christoph Waltz, Léa Seydoux, Monica Bellucci
Guión: John Logan
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Duración: 148 min.

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