Sueño de invierno, crítica. Película de la semana

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Sueño de invierno
El letargo de la amargura
Por Erick Estrada
Cinegarage

El choque de las montañas nevadas con las arrugas de un actor retirado. El deambular de las palabras entre un matrimonio que se sabe consumido y los silencios de un invierno hundido en odios naturales, profundos, inevitables.

La humanidad (entendida quizá como civilización) suele rechazar lo que ella misma considera oscuro, malo, indeseable en su ser. ¿Cómo puede ser indeseable algo que sale de nosotros mismos? ¿Es un proceso de negación personal, de construcción de un personaje que muere de ganas de no ser nosotros mismos? ¿Qué se hace cuando se descubre que lo violento, lo que se ha querido ocultar es tan nuestro como las partes favoritas de ese personaje que quizá no somos nosotros. ¿Se le entierra? ¿Se le asume? ¿Se le toma como algo igualmente natural?
La exploración que hace Nuri Bilge Ceylan de Aydin, su personaje en Sueño de invierno (película ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2014) es doblemente amarga pues asumiendo en la paciencia de su cámara que se trata de un hombre atorado en su odio hacia los demás, hacia lo que no sea él mismo, es también un estado del que probablemente no quiere salir, en donde se siente cómodo entre agujas filosas, recostado en cuchillas serpenteantes. La razón de ello coloca un muro frente a nosotros, grueso y elevado: ese odio, la naturaleza de la misantropía del guardian de la sierra y de las estepas en donde se desarrolla esta micro historia de alcances monumentales, es completamente natural, llega desde sus entrañas, no es asumida ni adquirida y peor (o mejor) es ya parte del personaje que él mismo quiere construir.

¿Eso hace del personaje central, retratado en magníficos close ups y desambulantes long shots -que lo hacen ver como una especie de espíritu errante en la Tierra- alguien más honesto que la gente que llega a su hotel en busca de satisfacciones que él siempre verá como frugales? ¿Es más humano y honesto asumido como es, sin ánimo de querer cambiar, que nosotros, sorprendidos testigos de la descripción parsimoniosa pero chocante que se hace de él?

El muro es real. Nuri Bilge Ceylan hace de la extensión de su película el mejor vehículo para ver la destrucción del amor en el matrimonio de Aydin, un actor retirado que quizá encuentra su mejor papel en las largas conversaciones con su mujer, una pareja a la que desprecia profundamente pero a la que está atado, por lo menos durante el invierno que se aproxima a las tierras en que habitan.

El muro se refuerza. Cuando creemos que sabemos todo sobre el choque entre Aydin y su mujer, contemplativa pero retadora, atrapada en el escarpado espíritu de su marido (tan escarpado como las sierras que los rodean, como las rocas ocres que les llueven cada vez que sopla el viento), llegan los silencios, el roce de ese viento en las estepas, el susurrar de una nieve encarceladora mientras cae en las noches eternas del fin de año en Turquía: tan eternas y tan oscuras como el odio de su esposo a ella, a la nieve, al invierno, a los turistas frívolos que buscan lo que él quisiera evitar. En esos silencios encontramos lo más duro, lo más amrgo, lo más humano de ese amor muerto, de esa convivencia inexplicable pero inevitable. Es en los silencios y en los largos y monumentales planos exteriores que conseguimos entrar al espíritu nocturno y decadente de Aydin, al alma oprimida y voyeurista de su mujer (¿será que le gusta ver cómo la odian, una misantropía revertida y opresiva?).

Imponente. Penetrante. Completamente cinematográfica: es ilustrador que en Sueño de invierno, una cámara nos enseñe a ver sin necesidar de obligarnos a contemplar, que nos meta en los rostros de los personajes que estamos aprendiendo a odiar (como ellos nos odian a nosotros) al deslizarse en los paisajes terregosos y duros de la Turquía ultra moderna pero ultra conciente de sus raíces. Dolorosa y humana. Natural como el odio de Aydin al hombre, al universo, al mundo en que vive.

¿Es natural que una película nos enseñe a vernos odiados? Esa pregunta nos corresponde responderla a nosotros una vez que se haya escalado el muro que Nuri Bilge Ceylan esculpió con calma, calma salvaje, frente a nosotros.

Sueño de invierno
(Winter Sleep, Turquía-Francia-Alemania, 2014)
Dirige: Nuri Bilge Ceylan
Actúan: Haluk Bilginer, Melisa Sözen, Denet Akbag, Nejat Isler
Guión: Ebru Ceylan, Nuri Bilge Ceylan
Fotografía: Gökhan Tiryaki
Duración: 196 min.

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