Vic y Flo vieron un oso, crítica. Película de la semana

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Vic y Flo vieron un oso
La trampa de Denis Côté
Por Erick Estrada
Cinegarage

Prácticamente a la mitad de Vic y Flo vieron un oso (nombre engañosamente naif si alguien no conoce el trabajo de Côté), los dos personajes a los que explora -a través de planos alargados pero no inmóviles, con cortes lo suficientemente separados para intrigarnos sobre quién sabe qué- las dos mujeres ex convictas unidas tampoco sabemos por qué amores, se reúnen en un acuario.

El plano es negro en las orillas y el agua con peces monstruosos casi sin ojos es de un azul irreal, como una felicidad apenas acomodada para durar lo que duran las visitas al acuario. Al terminar esa extraña secuencia -de apenas un par de minutos- uno se pregunta porqué nos mostró en ese lugar a estas dos mujeres que la sociedad ha rechazado ya.

La respuesta camina igual de lento que esos peces grises y negados de color: ambas viven el arresto domicilario de una de ellas, la mayor, y Côté con ritmo pausado y maquiavélico, serpenteante entre los planos casi documentales de la película, nos ha llevado hasta ese momento para verlas como ellas ven a los peces. Están en una vitrina, amenazantes ante quienes las observan desde fuera pues su felicidad -por pequeña y gris que sea- se ve azul a los ojos del negro resto del mundo.

Por eso no extraña el sentido del humor negrísimo y mórbido que se resbala por entre los rarísimos y fronterizos personajes de la película: el tío que no quiere hablar, el hecho de abordar al pueblo lejano en un carro de golf, la ridícula piscina de plástico ante el amenazante bosque. Un humor que apunta a resaltar la trampa que Côté va a soltar dentro de la pecera para mutilar a quien se acerque a ella.

Por eso tampoco queda fuera de lugar el violento giro de tuerca, tan desfigurado que a pesar de ser inexplicable entre los razonamientos de la película es aceptado casi por default, sin cuestionar la locura violenta del mundo negro alrededor de la pecera, celoso de las luces y vengativo, frustrado ante la felicidad frágil y azul de quienes están del otro lado de la pantalla, rescatando deudas viejas que debieron haber sido olvidadas.

Se trata de una narración que invita a eso, a ver a quien aparenta estar lejos y a preguntarnos si se puede ser feliz allá. Recordemos que los personajes de Côté siempre están alejados, en la orilla de algo e incluso de sí mismos. De ahí los miedos platicados y explorados en esta película de nombre de apariencia naif para quien no conozca el trabajo de Côté, pero que se transforma en un acertijo nublado y acerado para quien ya ha disfrutado de ese humor enfermizo, de esos planos taciturnos, de esos personajes que nos llevan a sus fronteras.

¿Vivimos en un mundo que ataca sistemáticamente a la felicidad? Esa es una de las rudas preguntas que surgen a la mitad de esa película, cuando se nos muestra a estas dos mujeres llevadas al extremo enmarcadas por el azul de acuario lleno de peces grises.

Vic y Flo vieron un oso
(Vic + Flo ont vu un ours, Canadá, 2013)
Dirige: Denis Côté
Actúan: Pierret Robitaile, Romane Bohringer, Marc-André Gondrin, Marie Brassard
Guión: Denis Côté
Fotografía: Ian Lagarde
Duración: 95 min.

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